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Casa Wagner, un negocio ‘a medida’ de sus dueños

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Casa Wagner, un negocio ‘a medida’ de sus dueños

Tiene prestigio y cuenta con la confianza de la clientela, que desde hace 75 años, confía en la familia Wagner para vestirse bien, con elegancia y a precios razonables. Como decía un antiguo slogan, “donde llegan los hombres”.

Familia boquense, este año celebra dos veces los 75 años, el de su club de siempre, y el de la sastrería, el negocio familiar que don José Wagner inauguró un 1º de abril de 1942 y que Ricardo con Mario y hoy Claudio y Ricardo Javier llevan adelante, con la siempre paternal presencia de don Ricardo, ya retirado de la actividad pero que no puede evitar pasar por la ‘sastrería’ todas las mañanas a tomar unos mates y dejar sus vivencias y su experiencia ante cualquier duda.

Don José Wagner, sastre de centímetro en la mano y alfileres en la boca, había aprendido el oficio con su cuñado, José Schimmel, dueño de una sastrería en Arroyo Corto, y trabajado como oficial sastre con don Emilio Mauri durante 14 años. Pero llegó el momento de independizarse, para lo cual decidió instalar su propio negocio en la esquina de Mitre y Lavalle, donde antes funcionaba Electricidad Romero, hoy trasladado a la esquina de enfrente.

La cercanía con el Koreck (hoy Hotel Plaza) y la perspicaz visión comercial de José Wagner, sirvió para añadiese al negocio el servicio de lavado y planchado de trajes, el que era muy utilizado por los viajantes que al llegar a la ciudad se alojaban una semana en el hotel y necesitaban que les fuesen acomodando los trajes, vestimenta obligada para ese oficio por esos años. Un viajante debía presentarse pulcro y aseado, por lo tanto era indispensable tener un traje en condiciones, tarea que don José dejaba en manos de su esposa en cuanto al lavado, quedando en sus manos la cuestión del planchado, fundamental para darle el toque final a la prenda.

Lo cierto es que mientras sus hijos crecían, el negocio también lo hacía y a don José le pareció adecuado tomar más personal, entre ellos los sastres Alberto Grissman (que luego trabajó con otro sastre histórico, don Emilio Calvo) y Daniel Lanzidel.

Don José Wagner nació en una época en la que palabra valía más que cualquier firma, y esos valores de honestidad los transmitió a su descendencia, habiendo hecho carne en Ricardo, su continuador y hombre muy reconocido por su hombría de bien y honestidad.

Po aquellos años los hijos seguían el oficio de sus padres, inmigrantes, cuya mayor preocupación era dejarles a sus vástagos un modo de vida.

Don José Wagner, el sastre. Don José Wagner nació en el paraje “Paso de los Chilenos”, cerca de Pueblo San José. Doña Elisa, su esposa, nació en Saratov, Rusia, radicándose prmero en San Pablo (Brasil) y luego se trasladó hasta Coronel Suárez, viviendo siempre en Villa Grad, antiguo barrio El Fideo. Del matrimonio nacieron 4 hijos: Nora Elisa Wagner de Aller, Elida Elsa Wagner de Schwab, Ricardo Oscar, casado con Elvira Scheffer y Mario Enrique, casado con Mabel Vasconcellos. 

Y así fue que, ya de muy pequeño don Ricardo Wagner se empezó a codear con los géneros, las agujas y los hilos. Y aunque luego su pasión fue la abogacía, como su padre no le permitió terminar la secundaria, trabajar en la sastrería familiar fue el destino.

Por entonces, don Ricardo compartía las horas entre andar en triciclo por la plaza, inventar juguetes con cajas y rueditas y a veces quedarse ‘a cargo’ de la sastrería cuando el padre salía, aunque siempre con la fiel custodia de los sastres empleados por don José.

“El oficio de sastre no era lo que más me atraía. Asumí todo esto por una cuestión de la vida, pero mi vocación era estudiar, algo que no era tan habitual en ese tiempo. Me gustaba el periodismo y la abogacía.

Papá quería ser mecánico, había empezado mecánico con la familia Rabuini y el padre le dio una flor de paliza y lo obligó a ser sastre. Eran aprendices, entonces no había nada más seguro que aprender un oficio, eso era una seguridad económica. Papá aprendió el oficio con un cuñado, con el que casi todos los días se iban en bicicleta hasta Arroyo Corto. Ese hombre le enseñó lo básico y a cortar le enseñó don Francisco Broto. Bueno, a mí no me quedaron muchas alternativas”.

Ya con Ricardo ‘dando una mano’, en 1945 la sastrería de los Wagner se traslada a un local que antes había ocupado “El Bar Americano”, de don Eusebio Dejean, ubicado en el 900 de calle Belgrano. Pero fue un breve período, de unos pocos meses deciden el traslado hacia otro local de calle Mitre, alquilado por Bauzá, y donde hoy funciona la Heladería La Flor.

En ese local, la sastrería funcionó hasta el año 1948, cuando se muda nuevamente hacia calle Belgrano, donde hoy funciona la Pescadería Luizzi y que era un local propiedad de la peluquera Mariquita Folz, con quien Ricardo Wagner forja una buena amistad.

Además de la clásica sastrería, don José Wagner decide anexar la venta de artículos de ropería, merced a un capital extra que le había llegado luego de haber ganado un premio importante en la Lotería con un número que hacía años seguía y que siempre compraba en Segui Hermanos.

El resto del dinero lo aportó Antonio Broto, mientras que la ropa que se exhibió la noche de la inauguración en las vidrieras pertenecía a los sastres Calvo y Grissman, quienes gentilmente la cedieron en calidad de préstamo.

Y es en ese local donde la vida de los Wagner dio un vuelco ya que don José consiguió una nuera y Ricardo a la mujer de su vida.

“A mi señora la conocí a través del negocio. Allí trabajaba Luis Manfredi, era cadete nuestro, y un día me dijo: ‘hay una chica que me recomendaron para emplear’. Fue así que la tomamos y nos terminamos enamorando: anduvimos como tres años de novios y después nos casamos en el 65”.

El negocio crecía, y Ricardo también, ya tenía esposa, por lo que en 1966 la familia toma la decisión de abrir otra boca de venta, para lo cual alquilan un local de calle Sarmiento, propiedad de la familia Muschong.

Así que Ricardo se hace cargo del comercio de Sarmiento 280 y don José con su hijo Mario se quedan en Belgrano 1253. Pero finalmente, más adelante, ya para evitar dobles gastos, se centraliza toda la actividad en el local de Sarmiento.

Don José Wagner, quien deseaba poder ver el Mundial de Fútbol de 1978, no pudo cumplir su sueño, ya que falleció el 9 de marzo de 1978, con lo cual la familia comienza a tomar otras decisiones.

Es así que se vende la casa familiar de calle Garibaldi 64 ya que Elisa la esposa, decidió que ya no quería vivir allí.

Con ese dinero y algunos ahorros, finalmente pactan con los hermanos Jorge Adolfo y Rubén Segui la compra de un local que ellos tenían en calle Mitre 1320, donde funciona hasta el día de hoy Casa Wagner.

“Con el tiempo despareció el oficio de sastre; antiguamente cada comercio de venta de trajes y sobretodos tenía su propio sastre y ellos, por muestrario de telas de fábrica que el cliente elegía su gusto, le hacían las pendas tomando las medidas a cada cliente en particular. Existí una gran demanda de ropa a medida por lo cual también estaban las chalequeras y las pantaloneras. Mi papá les mandaba las telas ya cortadas, con los botones que correspondían, el hilo adecuado y hasta los bolsillos preparados. Cuando esas prendas volvían al negocio, se le probaba al cliente y se terminaban los bajos con punto cruz, a mano y en nuestro taller”.

En el nuevo edificio, de dos plantas, la familia fue acondicionando el lugar para brindar una alternativa moderna a la venta de ropa de hombre, inclusive se lo proveyó de calefacción central a la planta baja de 120 metros cuadrados, reservando para depósito la planta alta, de algo menos de 100 metros.

A esa altura, Elisa la madre decide vender su parte y quedan como propietarios Ricardo y Mario.

Cuando Ricardo asume como Intendente, en el año 1991, durante cuatro años maneja los hilos Mario, siendo una época comercialmente muy complicada por una economía que no hacía pie.

Para colmo, durante la crisis del 2001 todo se complica, ya que la gran debacle económica y social en Coronel Suárez representa el cierre de Gatic, con lo cual los comercios de la ciudad sufrieron horrores, no siendo Casa Wagner una excepción.

A esta altura de la charla Ricardo destaca la ayuda de toda la familia, especialmente de sus hijos y resalta en este aspecto el aporte de Claudio y Javier y el de Cecilia, como promotora de la expansión virtual de la firma a través de las redes. Pero Claudio y Javier se pusieron la empresa al hombro, y bajo la supervisión de Ricardo fueron pagando todas y cada una de las deudas.  La tradición familiar de trabajo, honradez, de gente noble y que honra sus deudas quedó perfectamente en pie y hoy casa Wagner sigue siendo una enorme referencia a la hora en que los hombres deben vestirse bien y a la moda.

Sobre el final, y pidiéndole a Ricardo un balance de su actuación como comerciante y como persona, confesó:

Podría decir que me siento bien porque cumplí con mis padres, y mis padres se sintieron bien porque habían cumplido con sus abuelos.

 

Mi señora me ayudó muchísimo a formar una familia, a criar a mis hijos y criarlos bien, y tener tantos nietos es importante. Después hay que ver que cuando salí de la Municipalidad tuve que sortear un momento muy malo acá en el negocio, pero felizmente tengo que decir también, que eso nos dignifica a todos, que este negocio se había comprado sin el banco, y lo habíamos perdido por el banco. No teníamos mercadería, teníamos deudas y la propiedad no era nuestra. Luchamos once años, fuimos por derecha, y en once años, privándonos de mucho, pudimos salir, y en eso, yo tuve a mi mujer y a mis hijos, que no tengo plata ni palabras para pagarles lo que han hecho. Por eso, cuando puse el negocio a nombre de Claudio y Javier sentí que había podido cumplir con todos. 

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