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«No vamos a asumir la muerte de Nico hasta que se haga justicia»

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«‘Nico’ era un nene alegre», recuerdan los familiares. Su imagen lo refleja, cuando nada hacia presagiar su terrible destino. Una placa conmemorativa pide no olvidar lo sucedido «‘Nico’ era un nene alegre», recuerdan los familiares. Su imagen lo refleja, cuando nada hacia presagiar su terrible destino. Una placa conmemorativa pide no olvidar lo sucedido

El asesinato del adolescente pringlense Federico Nicolás Margiotta todavía no tiene responsables. Y su madre, Eva Molina, no cesa en su reclamo.

El inexorable paso del tiempo convierte en irrecuperable todo lo que lo no se consiguió o se dejó pasar. Y la definición puede ser incluida en todas las actividades de la vida.

La justicia es parte de la amplia gama de actividades y tal vez sea una de las cuales en la que el tiempo cumple un rol relativamente sanador (cuando llega pronto) o absolutamente pernicioso (cuando tarda o nunca llega).

En dos meses, se cumplirán quince años del crimen de Federico Nicolás Margiotta, salvajemente asesinado en Coronel Pringles, cuando apenas tenía trece años de edad, y mientras la familia espera la llegada de la justicia, la legalidad transita todos los vericuetos que su formalidad ofrece.

Específicamente por el hecho fueron imputados Jorge Alberto Fabrizio (58 años al momento del hecho) y Pedro Arturo Martínez (40, en aquel entonces), quienes fueron absueltos (luego de pasar 840 días encarcelados) por el Tribunal en lo Criminal Nº 3 -integrado por Daniel Fabiana Castaño, Raúl Guillermo López Camelo y Pablo Hernán Soumoulou-.

Los magistrados consideraron que no se logró demostrar durante el juicio la coautoría responsable de los imputados y criticaron duramente la tarea llevada a cabo por la fiscalía, la que fue calificada de «poco ortodoxa».

«Nosotros seguimos igual, no vamos a asumir la muerte (de ‘Nico’) hasta que se haga justicia. Nunca escuché que haya ocurrido un crimen como este. A ningún caso lo comparo con el de mi hijo», dijo Eva Molina.

 

La mujer quiere mostrarse fuerte, pero...

 

«Estoy bien psicológicamente para pensar y seguir. Quiero que esta causa tenga justicia, como nos merecemos, pero por dentro estoy deshecha» cuenta Eva, quien durante la entrevista estuvo acompañada por su marido Donato Margiotta.

«Dios y la familia me dan fuerzas para seguir, estamos siempre juntos. Mis hijos trabajan y nosotros vivimos como podemos, día a día. La familia se mantiene unida».

 

La causa

 

El veredicto absolutorio fue apelado y el fallo no está firme.

«La causa salió de Casación, fue a la Corte Suprema durante dos años, y se la devolvió a Casación... Habían puesto jueces nuevos y seguimos esperando», explicó Eva.

La mujer hizo, y hace, lo que puede; por eso, ante el escaso movimiento de la causa en el último tiempo, asegura que el año pasado recurrió a la gobernadora María Eugenia Vidal en busca de ayuda.

«Le había mandado una carta, que nunca recibió... Cuando vino a Pringles para inaugurar el bulevar 40, le entregué una copia de esa nota y ahí me dijo que no había recibido nada. En ese momento se comunicaron conmigo para saber el número de causa y ver en qué estado estaba, pero lo que averiguaron es lo mismo que ya sabíamos. En más, desde el Centro de Asistencia a las Víctimas me llamaron, pero todo lo que me dijeron era lo mismo, información vieja. Voy a seguir hasta el final; llegaremos hasta donde sea», anticipó.

Con sus 19.803 habitantes, según algunos de los registros, lo que sería el 0,046 por ciento de la población de la Argentina, y decreciendo en el 0,49% anual, Coronel Pringles es una de esas ciudades en las que resulta más accesible el conocimiento personal de sus moradores.

«Nos hemos cruzado con Fabrizio. Lo insulté y le dije de todo; él llamó a la policía. Siempre le dije que si él no fue, que venga y me lo diga en la cara. Nunca me miró a la cara, ni siquiera cuando, a pesar que no nos dejaron entrar al juicio, nos cruzábamos en los pasillos (de Tribunales)», dijo Eva.

En la resolución dictada por el Tribunal en lo Criminal se consideró acreditado que entre 72 y 96 horas antes de la tarde del 28 de agosto de 2002, en un lugar no precisado de Coronel Pringles, el adolescente fue abusado sexualmente y ultimado por asfixia mecánica, mediante sumersión y sofocación.

En el juicio, la defensa cuestionó la forma en que fueron convocadas a declarar durante la instrucción dos mujeres consideradas testigos clave, aludiendo a una «desproporcionada» limitación del derecho a controlar sus exposiciones previas al juicio y que en lo esencial no coincidieron plenamente con los dichos expuestos ante el Tribunal, por lo que motivaron los posteriores procesamientos por falsos testimonios.

 

«Siempre seguimos el mismo hilo de la causa porque era el único que se podía seguir. La chacra donde lo mataron se vendió y se demolió, nadie salió a hablar… En cuanto a las testigos, a las chicas no las vi nunca más, aunque sé que una de ellas se fue a vivir a Tandil. Sólo una sola se desdijo», finalizó.

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