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Somos nosotros

En la Argentina, para crecer como país, hacen falta sacrificio, solidaridad y sentido común

Los argentinos tenemos una característica que es marca registrada: la culpa de todos nuestros males siempre es de los demás.

No nos hacemos cargo de nuestros propios errores y defectos. Además, parece que en nuestros genes estuviera permanentemente incorporado el mal de Alzheimer, ya que perdemos la memoria con facilidad y no recordamos el pasado.

El pasado ya es historia, pero hay que recordarlo y no olvidarlo, para aprender y no tropezar de nuevo con la misma piedra.

El presente que estamos viviendo es duro, pero es la realidad que debemos transitar para tener un futuro mejor, que nos libere para siempre de la mentira y de la corrupción.

 

Lo necesario

 

En Inglaterra, en épocas de la Segunda Guerra Mundial, según Winston Churchill, para llegar a la victoria hacía falta “sangre, sudor y lágrimas”.

Aquí en la Argentina, para crecer como país, hace falta “sacrificio, solidaridad y sentido común”.

Sacrificio: porque nada se logra en la vida sin sacrificio y, con mayor razón, si nos encontramos con un país que fue aniquilado por gobernantes y funcionarios que vaciaron las arcas del Estado en beneficio de sus arcas personales, lo que aumentó la pobreza del pueblo y ocultó la verdadera realidad haciéndonos creer que la mentira podía tener patas largas.

Si creemos que es preferible lo anterior, si creemos que es mejor vivir en la mentira y con la corrupción, si creemos que se puede progresar y tener un mejor futuro sin sacrificio, los culpables somos nosotros.

Solidaridad: debemos aprender y entender que un país es una nación integrada por personas que son ciudadanos que componen una sociedad y que no somos individuos solitarios y aislados con la premisa “sálvese quien pueda”.

Debemos tener solidaridad entre todos para ayudar a que lleguemos al destino que nos merecemos, porque, en definitiva, si al país le va mal, nos va mal a todos.

Si corremos a comprar dólares, si aumentamos indiscriminadamente los precios de la mercadería y de los bienes de consumo indispensables, es no sólo porque no tenemos confianza en ningún gobierno, sino porque no tenemos credibilidad ni confianza en nosotros mismos.

Y si no tenemos solidaridad, credibilidad, confianza y esperanza, si no entendemos que nuestros gobernantes, dirigentes, políticos, empresarios y sindicalistas no nacieron de un repollo ni la cigüeña los trajo de París, los culpables somos nosotros.

Sentido común: ¿cuántas cosas se arreglarían con una pequeña dosis de sentido común? ¿Cuántas peleas se evitarían aplicando tolerancia y sentido común?

A los gobernantes, les pido sentido común para gobernar y tomar las mejores decisiones.

A los políticos opositores, les pido grandeza para colaborar y sumar; y no mezquindad para trabar y dividir.

A los sindicalistas, les pido que respeten la ley y la Constitución, porque no existen los derechos absolutos y el derecho de uno termina donde comienza el derecho del otro; ni más ni menos que sentido común.

A los empresarios les pido que no acepten pedidos de “coimas” y que entiendan que ganar menos no es perder. Y eso es también sentido común para colaborar con los que menos tienen.

A los legisladores, les pido que no se amparen en la letra fría de la ley, sino que sepan interpretar su espíritu, ya que la ley de “inmunidad parlamentaria” es para proteger y no censurar los “dichos” de un legislador, pero no para proteger los “hechos delictivos” con saturación de pruebas y solicitudes judiciales. De lo contrario, están demostrando ser cómplices de la corrupción y carecer de sentido común.

A los jueces, les pido aplicar el sentido común en todo el transcurso del proceso judicial y entender que su mayor garantía es la independencia de criterio, de acuerdo con lo que marcan la ley y las pruebas con su debido proceso. Que cumplan su deber y función, que es interpretar el espíritu de la ley en cada caso concreto y, como decía San Agustín: “Dar a cada uno lo suyo”.

Al ministro de Justicia de la Nación, le pido que entienda que si las pruebas y la decisión judicial tras un debido proceso determinan la culpabilidad, sí es bueno que un ex presidente o una ex presidente estén presos y condenados, porque sería una medida ejemplificadora para los futuros gobernantes. Esto hace a la salud de la República y todos sabemos que la salud es lo más importante; todo lo demás, va y viene. Esto se llama sentido común.

Si no lo entendemos y ponemos en práctica, sobre todo educando con el ejemplo a nuestros hijos y nietos, los culpables seguiremos siendo nosotros.

 

 

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