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Como se debe

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Como se debe

Debe señalarse, en principio, que pocas veces el Parlamento (o al menos una de sus cámaras) ha estado tan a la altura de su deber ser como en esta ocasión, en la ardua tarea de escuchar a todas las voces y brindarles espacio a todas las miradas, no pocas veces antagónicas.

Como se puede no equivale a como se debe, aun cuando lo primero suele prevalecer, porque lo urgente se impone a lo necesario.

Pero el tratamiento del proyecto de despenalización del aborto en la Cámara de Diputados de la Nación mostró un poco de ambas cosas. Y lo hizo en una sociedad poco acostumbrada a los debates y siempre sometida a confrontaciones que asumen modos pendencieros tan caros a esa mirada futbolera que suele caracterizarnos.

Debe señalarse, en principio, que pocas veces el Parlamento (o al menos una de sus cámaras) ha estado tan a la altura de su deber ser como en esta ocasión, en la ardua tarea de escuchar a todas las voces y brindarles espacio a todas las miradas, no pocas veces antagónicas. Y ello sobre una cuestión que divide a nuestra sociedad como pocas.

Honor al mérito, esta vez se hizo como correspondía y no hubo tratamiento exprés ni manos alzadas por legisladores soñolientos para aprobar textos ignotos. Y, aun cuando unas cuantas posiciones expuestas hayan corroborado lo que se supone acerca del nivel de algunos representantes, lo cierto es que se le dio al asunto el tiempo y el espacio necesarios.

Lo citado antes debería ser la norma y no la excepción, ya que los recintos de ambas cámaras deberían ser el lugar donde resuenen las voces de los representados a través de sus representantes, quienes fungen, al menos en teoría, como los mejores entre sus pares.

Acostumbrarnos a que las cosas se traten y resuelvan donde corresponde sería todo un avance, en un país donde el ruido de la presión de la calle suele ahogar todo debate para convertirlo en mera expresión de lucha en el barro.

Ello, por cierto, no disimula la suspicacia sobre lo oportuno de plantear ahora esta cuestión en un país con serios y urgentes problemas cotidianos y en el que las noticias se disimulan con nuevas noticias.

Pero permite, al menos, avizorar cuánto quieren cambiar algunos y cuán progresistas son otros. Lo que no es poco.

Con todo, persisten entre nosotros lamentables prácticas, como las entrevistas en las fuertes presiones que sectores poderosos ejercieron, sin respeto por norma alguna y con clara intención intimidatoria.

La toma de establecimientos escolares no escapa a esto, toda vez que el tema en debate supera ampliamente las posibilidades de que adolescentes tomen posición al margen de la inducción fuertemente politizada que padres y docentes deberían impugnar.

 

Argentina se debe muchas discusiones adultas, como por ejemplo la relación Iglesia-Estado. Pero puede decirse, por lo visto en estos días, que se ha dado un paso en la dirección correcta. Y no siempre tenemos motivos para señalar esto.

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