Inicio | Opinión | Banderas y términos apócrifos

Banderas y términos apócrifos

Por
Tamaño de letra: Decrease font Enlarge font
Banderas y términos apócrifos

Debemos tener mucho cuidado cuando se mencionan las palabras «pueblos originarios», ya que producen confusión y división. 

Córdoba es cuna de peñas y de los más grandes festivales folklóricos del país. Cientos de referentes de la música popular nacional congregan año tras año miles de espectadores para disfrutar el canto a la vida que es la música.

Pese a los festejos, nos invade una gran preocupación por un hecho minimizado pero de gran trascendencia a la hora de evaluar lo que algunos pretenden imponer en nuestra patria: banderas de aborígenes y terminologías falsas.

Por empezar, es bueno clarificar el concepto de patria: una integridad territorial, social, cultural, política y económica reflejada en un grupo de personas congregadas en pueblo que posee un pasado, vive un presente y proyecta un futuro en común.

Se puede tener diferentes orígenes, de hecho en la Argentina son pocos los descendientes de nativos, pero todos conformamos una única identidad nacional, denominada pueblo argentino.

Abogamos que debemos tener mucho cuidado cuando se mencionan las palabras «pueblos originarios», ya que producen confusión y división.

Como sabemos, «pueblos originarios» es una expresión creada en 1974 en Georgetown (Guyana Británica) durante el primer encuentro preparatorio para la Confederación Internacional Indigenista realizada en puerto Alberni (Columbia Británica), financiado por el Word Church Council de Oxford, Inglaterra. Como vemos, la terminología es foránea y sus intenciones no son claras.

Del mismo modo es preocupante la aparición de folcloristas con banderas o insignias que representan a los mal llamados mapuches (son los araucanos provenientes de Chile) en el sur, y a otros pueblos aborígenes del norte englobados bajo esa bandera a cuadros multicolores que hasta hace 20 años no se conocían y hoy sólo falta que la hagan jurar.

Se nos hace muy difícil de entender el motivo de esta nueva moda, que por lo menos tiene como intención reemplazar a la verdadera y única bandera de la patria, que es la que creó nuestro prócer Manuel Belgrano y nos representa ante la comunidad internacional hace más de 200 años.

Pues bien, el origen de estas banderas es apócrifo, ya que ninguna etnia aborigen, en los siglos XVIII o XIX, tenía telas flameantes para representarse a sí misma. Las banderas son un producto de la modernidad con el advenimiento de los estados nación, surgidos en Occidente.

Es incomprensible también que el mal denominado pueblo «mapuche», y originario de la región de Arauco en Chile, sea considerado como pueblo nativo argentino.

De hecho según el registro histórico de la Nación, de este lado de la cordillera de los Andes vivían los onas, huarpes, ranqueles y tehuelches, entre otros, que eran sus víctimas hasta la conclusión de la Conquista del Desierto, de la cual se pueden sacar muchas conclusiones que no vienen al caso.

Más curioso aún es el hecho de que la bandera a cuadros multicolores represente a un abanico de pueblos aborígenes, distantes territorialmente entre sí y de culturas diversas como los wichis, qom, mocovíes, diaguitas, etcétera. En un contexto de tantos problemas económicos y antagonismos sociales como el que vivimos los argentinos, la aparición de esto es muy llamativa y tiene una sola intención: la de generar más divisiones y posibles cesiones territoriales en un mundo cada vez más denso en términos geopolíticos.

Pedimos reflexión a todos, en especial a quienes se olvidaron de la verdadera Bandera argentina, esa que juramos en cuarto grado de la escuela primaria, a la que rendimos honores en los actos patrios, la que nos representa en todo el mundo y por la cual hace tan sólo 36 años, 649 compatriotas dejaron la vida en Malvinas y en el Atlántico sur.

A los organizadores de los festivales y a quienes dicen llevar folklore como expresión cultural nacional los exhortamos a que dejen atrás las modas pasajeras y foráneas y antepongan el orgullo patrio por encima de todo, ya que la responsabilidad de llevar la patria a través de la cultura folklórica debe primar.

A los gobernantes, legisladores, jueces, fiscales y funcionarios públicos en general, les queremos esclarecer que nuestra insignia nacional es una sola, la que supimos conseguir, luchar y jurar con gloria a morir.

El alto deber de conducción del Estado no sólo es función de ustedes a la hora de cumplir el horario laboral habitual. Sus funciones deben corresponderse como tales las 24 horas los 365 días del año, tanto en actividades públicas como privadas.

Al pueblo en general que sepa diferenciar de forma concreta las intenciones y los fines de esta corriente exótica que apela generalmente a métodos violentos y de coerción de las libertades a las cuales los argentinos estamos acostumbrados a soñar y tener.

Exijamos a nuestros representantes los valores de nuestra Bandera: unión, libertad, responsabilidad, porvenir, entrega y muchos otros que a través de más de 200 años de historia miles de patriotas nos legaron. No nos convirtamos en cómplices silenciosos del oprobio segregacionista.

* Integrantes de la Fundación 20 de Noviembre

 

 

 

Compartir en: Post on Facebook Facebook Twitter Twitter

Suscribirse a alimentadores (feed) de comentarios Comentarios (0 publicado)

total: | mostrando:

Publicar tu comentario

  • Marcado
  • Itálico
  • Subraya
  • Cita

Por favor introduce el código que ves en la imagen:

Captcha
  • Enviar a amistad Enviar a amistad
  • Imprimir Imprimir
Compartir en: Post on Facebook Facebook Twitter Twitter