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Educar no es adoctrinar

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Educar no  es adoctrinar

La prescindencia partidista, es decir la prohibición de influenciar ideológicamente a los alumnos, se encuentra presente en los estatutos docentes de toda la República Argentina.

Lamentablemente en los últimos años la prescindencia partidista se ha visto vulnerada de manera obscena por un batallón de docentes militantes, que parecen estar más interesados en adoctrinar a sus alumnos que en trasmitirles conocimientos.

Un ejemplo es el caso de la profesora k que fue grabada por sus alumnos defendiendo a la administración anterior en plena clase, llegando incluso a mentir con el objetivo de convencerlos. Subestimándolos por completo, además de faltar el respeto a sus individualidades.

Esta forma de entender la docencia hunde sus raíces en el fascismo y fue importada a nuestro país por Juan Domingo Perón. Bajo su sombra -y por primera vez- la escuela pública se utilizó groseramente como un canal de culto a personalismos. Así, en los textos escolares de lectura obligatoria los niños argentinos aprendían a leer con frases como “Mi hermanita y yo amamos a papá, mamá, Perón y Evita” o “¡Evita! Tú seguirás siendo desde el cielo, nuestra madre tutelar. Vivimos pensando en ti”, acompañados siempre con dibujos que enaltecían al presidente y a su esposa. 

En su compendio “Conducción Política”, Perón expone los fines que persiguió instaurando este tipo de formación: «Una fuerza política no se organiza en cinco años, porque la tarea de persuasión, de educación, de iniciación de la doctrina en el espíritu de los hombres no puede realizarse en tan corto tiempo (…) Debemos hacer que se vayan olvidando de sus antiguas creencias y doctrinas y vayan asimilando las nuevas. Eso es obra de generaciones. Cuando los que hoy son chicos lleguen a tener veinte o veinticinco años, el peronismo estará en el auge de su organización y de su número”. 

A diferencia de los actuales estatutos docentes, el justicialista (1954) era nacional y establecía en su Art. 4 la obligación de “Formar en sus alumnos una conciencia patriótica de respeto a la Constitución y a la Ley; sobre la base de la Doctrina Nacional Peronista…”. Aunque no llegó a aplicarse daba forma legal a algo que sucedió en los hechos. Poco después, Arturo Frondizi modificó esta Ley y estableció la obligación de enseñar con “absoluta prescindencia partidista”.

Recientemente el gobierno nacional llevó a cabo una evaluación en todo el país para conocer nuestra realidad educativa. Seguramente los resultados van a dolernos mucho. Incluso ya nos duelen cuando observamos la respuesta de algunos educadores y su falta total de ética al transgredir públicamente la prescindencia partidista.

Parece increíble tener que recordarles que militar en el aula –por quién sea- está mal, está prohibido; es una práctica fascista incongruente con la democracia y los docentes no estamos para decirle al alumno qué pensar, sino para otorgarle herramientas de análisis que le permitan construir ese pensamiento de modo independiente. Parece increíble que no entiendan que educar y adoctrinar están muy lejos de ser sinónimos. 

 

 

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