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Cambiemos va por el 40%

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Los resultados de las PASO dejaron un virtual ‘empate técnico’ entre Cambiemos y Unidad Ciudadana (Cristinismo) y por más que el recuento de votos vuelque hacia un lado u otro la victoria ésta será por una diferencia insignificante.

El resultado de los comicios fue el soñado, más allá de que la dicha oficialista no haya sido completa y termine con la confirmación de un escueto triunfo bonaerense de Cristina Kirchner, como ha trascendido. Celebrará el kirchnerismo, servirá para alimentar su épica, pero lejos está del triunfalismo que proclamaban en la previa y aun el día de la elección. Si hasta le servirá a Cambiemos ese resultado -admiten en Casa Rosada y la Gobernación- para atraer adhesiones que no tuvo en las PASO, dispuestas ahora a contribuir al «voto útil» para evitar un triunfo de la ex presidenta.

Lo cierto es que el dato histórico que parecen haber marcado estas PASO es la certeza de que por primera vez en 70 años un gobierno no peronista se perfila para terminar su mandato en tiempo y forma. Para lo cual es un dato determinante ganar las elecciones intermedias y en la convicción de que la economía estará mejor en octubre que en agosto, comienzan a delinear el tipo de campaña que encararán para las generales, y analizar las reformas que implementarán una vez confirmado lo que adelantaron las PASO.

A comienzos de la semana Macri volvió desde su descanso de fin de semana largo en Villa La Angostura con la decisión tomada: ponerse al frente con dichos y gestos de la respuesta del gobierno a la marcha de protesta de la CGT.

 «Estos muchachos no entendieron nada de lo que pasó», le dijo un Macri malhumorado al ministro de trabajo. Macri está convencido de dos datos: primero, que la marcha de la CGT fue antes que nada la dilucidación de una interna gremial para definir quién se queda en el futuro inmediato con el control de la central obrera. Y segundo, que Cristina «metió la cola» para darle un sentido absolutamente electoral. «Me desilusionan algunos dirigentes, hacen marchas que no conducen a nada en lugar de poner el hombro para que los argentinos vivan cada día un poco mejor», es otra de las frases que le escucharon a Macri.

 Detrás del intempestivo «rastrillaje» de funcionarios sospechados de «buen vínculo con el sindicalismo», avanza un giro en la relación con los gremios, especialmente sobre áreas que habían acordado ceder a la influencia de un diálogo con la CGT. También el jefe de Estado, por recomendación de Jaime Durán Barba, ha decidido ir por la cabeza de varios dirigentes sindicales a quienes quiere detrás de las rejas como «El Caballo» Suárez.  La mira, claro, ya está puesta en las generales del 22 de octubre, a donde se pretende llegar con varias obras inauguradas y mostrando mucha gestión, más derribamientos de bunkers narco y lucha contra la mafia policial. También se va a buscar seguir a full con la polarización y marcar claramente que si la que gana las elecciones en la Provincia es Cristina Fernández, eso significa volver al pasado. Aunque en verdad saben que van a ganar esa contienda pero buscan un número impactante: 40%.

Consideran además que los números vienen marcando desde 2015 que la batuta electoral ya no la tiene el tigrense Sergio Massa. Cuentan con que a diferencia de lo que sucedió entre las PASO y las generales de 2015, Massa no podrá contener la totalidad de sus sufragios, y sufrirá una marcada pérdida de puntos que serán nada más y nada menos que los que el gobierno pueda convencer de lo malo que sería que regrese CFK. Así las cosas, de cada diez votos que en las PASO fueron para 1País, seis se quedarán con Massa. Los otros cuatro restantes se repartirían entre Cambiemos y Unidad Ciudadana: tres para los primeros y uno para el kirchnerismo.

Si se tiene en cuenta que en las elecciones generales no se cuenta los votos en blanco o anulados como en las Primarias: la boleta de Esteban Bullrich arranca con un 35,2% aproximadamente, si le sumamos lo que esperan traccionarle a Massa y los que faltaron en agosto y que van a participar en octubre, no sería descabellado proyectar que Cambiemos se sitúa ya por arriba del 40% de los votos.

 Ya nadie duda de que la polarización se grabó a fuego en las recientes PASO. Todo encierra una doble sensación para las dos fuerzas políticas principales, y fundamentalmente para las protagonistas casi exclusivas de esta historia: Cristina y la gobernadora Vidal. Ellas, junto a Elisa Carrió, son hoy las figuras centrales de la política argentina. Claramente, dos están en ascenso y una (Cristina) se juega en octubre la última carta, aunque la primera mano de la partida no fue como ella y su entorno esperaban.

 

 

 

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