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Entre la conmoción y la prevención

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Entre la conmoción  y la prevención

El atentado terrorista perpetrado en Barcelona el pasado jueves, cuya autoría se atribuyó el Es­tado Islámico, vuelve a conmo­cionar al mundo y a encender luces de alerta no sólo en la castigada Europa, sino en todo Occidente. Ese es, sin dudas, el objetivo de las bandas yihadistas que siguen activas, pese al estado de descomposición en que quedaron luego de perder, hace unos meses, el control de la ciudad de Mosul, su principal bastión operativo en Irak.

La brutal embestida terrorista en la capital de Cataluña se suma a la crónica de ataques a manos del grupo fundamentalista, que, en poco más de un año, dejó decenas de muertos y centenares de heridos en las ciudades europeas de Niza, Berlín, Londres, Estambul, Estocolmo y París, entre otras.

La nueva modalidad de ataque adoptada por los terroristas genera pánico y puede llegar a vulnerar a los más especializados servicios de seguridad y de Inteligencia: utilizan vehículos automotores de mediano o gran porte para lanzarse a toda carrera y con intenciones letales contra multitudes que pasean por sitios diversos.

El mensaje es obvio: atacar puntos neurálgicos, atestados de visitantes, lo que lle­va a la desgarradora conclusión de que estas bandas decidieron avanzar sobre la amplia gama de culturas occidentales que se congregan en las principales capitales europeas, ya sea como residentes o en virtud del turismo internacional.

Desde la óptica de la imprevisibilidad de estas acciones devastadoras, es pertinente insistir en que, pese a los progresos en ma­teria de prevención de los servicios de seguridad y de Inteligencia, se torna dificultoso neutralizar estos embates contra ciudadanos indefensos, como el ocurrido en Barcelona, que ha puesto al mundo en estado de alerta y de profunda congoja.

Las bandas yihadistas, aun con el desmantelamiento de sus principales guaridas, siguen empeñadas en golpear objetivos mediante voluntarios, a los que ahora se llama «lobos solitarios».

La lucha contra el terrorismo que pregonan los foros internacionales muchas veces no ha dado los resultados deseados. Se trata de una batalla que debe sustentarse en acciones multilaterales y que, como bien se ha refrendado en la Estrategia Global de las Naciones Unidas contra este flagelo, exige aumentar la capacidad de los estados en bien de «prevenir y combatir» las acciones del extremismo.

Nada mueve a abrigar gestos de alarma extrema en esta parte del mundo, pero hay que recordar que la Argentina sufrió dos atentados producto del terrorismo internacional y, por ello, es aconsejable no relajar ni distraer en pavoneos políticos a los servicios de Inteligencia.

Nadie puede sentirse exento de la barba­rie que azota a un mundo cada vez más crispado e imprevisible.

 

 

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