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Contener a los jóvenes

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Contener a los jóvenes

El peligroso juego denominado “Ballena azul”, que incita a los adolescentes a la autoagresión y al suicidio, ya tiene sus primeras víctimas argentinas.

En San Juan, un joven de 14 años fue hospitalizado tras ingerir varias pastillas y desmayarse en el baño de su casa, en plena madrugada. En La Plata, una menor de 12 años, cuando sus abuelos descubrieron que tenía varios cortes en los brazos, admitió que se había sumado al juego.

Creado en Rusia hace un par de años, este macabro desafío toma su nombre de la conducta atípica de ciertas ballenas que, a veces, encallan en las playas para morir. La particular propuesta reta a los jugadores a superar una serie de pruebas, al ritmo de una por día, y conduce lentamente hacia la autoagresión. Por ejemplo: practicarse cortes en diferentes partes del cuerpo, fotografiarse y exhibir el resultado en las redes sociales. El desafío número 50 es directamente el suicidio.

En Rusia, se investigan unos 150 suicidios adolescentes en algo más de un año vinculados a este juego. En las últimas semanas, La Ballena Azul llegó a Colombia, donde causó varias muertes.

Ahora le toca a nuestro país. Las redes sociales y los grupos de mensajería son las vías de acceso y comunicación de los adolescentes que se suman a esta peligrosa propuesta.

La primera reacción de los adultos puede ser la incredulidad: es inaudito; algo así no puede estar pasando. La realidad es muy diferente: más allá de la Ballena Azul, los profesionales de salud mental de Córdoba hace tiempo que vienen alertando sobre el crecimiento de casos de autoagresiones de niños y de adolescentes.

Las cifras oficiales de suicidios son contundentes. Sólo en Córdoba, entre 2010 y 2015 se quitaron la vida 108 niños y jóvenes; y de todos los suicidios registrados en la provincia durante 2015, el 16 por ciento fueron niños y adolescentes.

Si se toma como unidad de análisis el país, en 2015 se suicidaron unas 3.200 personas y casi un tercio de ellas tenía menos de 24 años.

Por lo tanto, miembros del equipo de Salud Mental del Hospital Pediátrico observan con preocupación el aumento de casos de autoagresión. Ya no se trata, como hace un tiempo, de casos aislados.

La soledad emocional es un claro factor de riesgo. El niño o adolescente necesita de un adulto que esté atento a sus conductas, lo escuche, lo contenga y, llegado el caso, le ponga límites claros.

La Organización Mundial de la Salud recomienda hablar abiertamente del tema. En gran medida, no siempre, el suicidio puede prevenirse.

 

Pero para que ello sea posible debemos estar atentos a fin de identificar las primeras señales de alerta.

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