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El dilema del dólar

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El dilema del dólar

Si bien ocupa un lugar secundario en la discusión de los temas de política económica, dominada por la inflación y la falta de una recuperación plena de la actividad, la cotización del dólar afecta a numerosas actividades en la Argentina.

El Gobierno nacional no ha mostrado una mayor inquietud por la cotización de la divisa, que sirve de termómetro inflacionario para un país caracterizado por una inercia en la suba de precios.

En términos reales, el valor de la moneda norteamericana perdió frente a la inflación después de la devaluación dispuesta tras la asunción de Mauricio Macri en 2015.

Las autoridades económicas sostienen, por el contrario, que esa cotización aún está levemente por encima en relación con las monedas de los mercados con los que comercializa la Argentina.

El valor del dólar afecta a las producciones regionales, entre otros efectos. La situación de la vitivinicultura y de la producción de frutas es la mejor demostración. La exportación de esos productos se realiza a valores negativos, con el objeto de mantener abiertos los mercados conquistados.

Las industrias textil y del calzado son las principales producciones afectadas por un mayor ingreso de bienes importados. Para ambas actividades, se dispuso una serie de facilidades para hacer frente a la competencia de los saldos exportables de los principales fabricantes del mundo.

La agroindustria ya comenzó a percibir la llegada de productos importados, que le disputarán al sector un mercado reducido por la caída del consumo.

Las reacciones esporádicas del Banco Central, como cuando anunció la recomposición de las reservas y empujó una suba ocasional en la cotización del dólar, apenas disimulan los desafíos futuros.

Entre mayo y julio, se concentrará el mayor ingreso de divisas, por la venta de una cosecha que se estima récord. Además, se producirá un ingreso de dólares por los créditos que toman los distintos niveles del Estado y por la especulación financiera.

En ese contexto de un peso sobrevaluado, altas tasas de interés y un déficit fiscal indomable, es notoria la falta de coordinación de las políticas monetaria, cambiaria y fiscal que exhibe el Gobierno.

La sociedad argentina se había desacostumbrado a la actuación independiente del Banco Central en relación con las autoridades económicas.

 

El Banco Central debe trabajar por mantener el valor del peso con base en el control de la inflación interna, como sucede en los países más desarrollados. Lo inaceptable es la falta de una coordinación de los distintos aspectos de la política macroeconómica. Tal coordinación trazaría una hoja de ruta para el crecimiento. Lo contrario implica alentar la desconfianza para con las autoridades económicas.

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