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La educación no es una batalla electoral

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La educación no es una batalla electoral

Los gremios docentes y el Gobierno nacional, más varias administraciones del interior, se han enfrascado en una batalla política que provoca un costo demasiado elevado para la educación.

En todo el país distintos sindicatos ya han hecho varios días de huelga propios y en otras dos ocasiones se sumaron a paros generales, con lo cual los días de clase han disminuido notablemente

En los 27 días hábiles desde el inicio del ciclo lectivo (hubo tres feriados desde el 6 de marzo), en muchos establecimientos sólo se dictaron 19 días de clase. Y en otros mucho menos. La pérdida de esas jornadas supone un menor acceso a la cultura del estudio por parte de los alumnos.

La reiteración de la protesta erosionó la adhesión entre los propios docentes debido al descuento de los días de huelga y por el agotamiento de una metodología a la que se apela ante el menor incidente entre autoridades y dirigentes sindicales.

Esto sucedió, por ejemplo, cuando tras una refriega entre gremialistas y militantes políticos frente al Congreso de la Nación, el domingo último, se decidió un paro nacional en protesta por la acción de las fuerzas de seguridad, que actuaron con autorización de la Justicia.

El presidente Mauricio Macri aprovechó ese método intempestivo para enrostrar a la dirigencia la permanente violación de normas de convivencia.

Los maestros debieran educar en el respeto a las leyes dispuestas en una sociedad y de los derechos de sus integrantes.

La admonición del Presidente es acertada, pero revela la intención del Gobierno de confrontar políticamente con sectores a los que identifica como ligados al kirchnerismo y a los desórdenes recientes del país.

Las encuestas de opinión pública indican que los padres comprenden el reclamo salarial, pero cuestionan la metodología usada por el gremialismo, que se basa en la reiteración de huelgas y marchas.

Más allá de algunas apariciones públicas de ciertos funcionarios y a través de determinados canales, no existió por parte del Gobierno nacional una explicación detallada de por qué no se convocó a la paritaria nacional. El tema aparece difuso para la opinión pública.

Las autoridades deben recrear un clima de diálogo y de transparencia para discutir los salarios docentes, que son, por lo demás, de los más bajos que se pagan en la economía. Los gremios deben deponer las posiciones políticas y buscar un acercamiento para hacer de la educación uno de los pilares del desarrollo humano.

 

Lo contrario convierte a la Argentina en uno de los países más rezagados a la hora de rendir evaluaciones mínimas sobre el nivel académico de sus estudiantes. 

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