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Del espanto a la acción

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Del espanto a la acción

La Argentina se conmueve por hechos de violencia de género en los que las muertes de mujeres, de distinta condición social y edad, no dejan de impactar por su ferocidad.

El último episodio sucedió en la localidad de Gualeguay, Entre Ríos, donde un depravado segó la vida de Micaela García, una joven de 21 años que se destacaba en la comunidad como una activa defensora de los derechos de la mujer.

En el país ya se han producido demasiados femicidios este año, femicidios que en algunos casos han incluido el asesinato de hijos pequeños y hasta el suicidio del homicida, lo que habla de mentes muy enfermas, demasiado.

La crónica periodística pone de relieve una conducta que –pese a las campañas oficiales y acciones de concientización– no logra ser desterrada. La personalidad de ese tipo de criminales revela una conducta saturada de «machismo», rasgos de culturas ancestrales y de actitudes incubadas en la miseria humana.

La violencia de género no es sólo física: también incluye el maltrato psicológico, el desprecio y el intento de sumisión de la otra parte a manos de quienes parecen anclados en oscuras épocas patriarcales.

Para contrarrestar ese fenómeno social, no basta con la reacción del presidente Mauricio Macri ni con la del ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, quienes reclamaron la renuncia o el juicio político del juez Carlos Alfredo Rossi, quien liberó al presunto acusado de matar a Micaela García.

Fundada en la teoría del «garantismo judicial», la decisión resaltó los derechos del victimario a la reinserción social, lo cual es elogiable, pero con concesiones difíciles de comprender para la sociedad, que demanda penas más duras para violadores y homicidas.

El presunto asesino de Micaela había sido condenado a nueve años de prisión por dos violaciones. Fue liberado por la «buena conducta» que exhibió en el penal, que ahora se demostró como una actitud premeditada con el objetivo de salir de la cárcel.

Será necesaria, entonces, una reeducación especial para esta clase de delincuentes, además de un debate profundo entre los especialistas acerca de si es posible dejar sin control a este tipo de personalidades enfermizas.

Al igual que en los temas de pobreza, narcotráfico, seguridad y violencia urbana, las acciones que revelan violencia de género requieren de un debate multidisciplinario y de tareas concretas para desterrar una conducta injustificable e intolerable.

La realidad demanda una rápida respuesta de autoridades y legisladores, que no puede agotarse en una actuación mediática contra la actitud del juez o el reparto de críticas entre oficialistas y opositores. La sociedad exige otro tipo de acciones.

 

 

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