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Que los reclamos sean en paz

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Que los reclamos sean en paz

La Confederación General del Trabajo (CGT) cumplió con la huelga de 24 horas, sin movilización, aunque hubo marchas que realizaron distintas seccionales en el país, movimientos piqueteros y agrupaciones partidarias, algunas de las cuales terminaron de manera violenta. La decisión de no convocar a una manifestación tendía a evitar que se repitiesen los episodios del 7 de marzo último, que derivaron en incidentes entre grupos antagónicos y la toma del palco por militantes kirchneristas. Y si bien eso se evitó, no se pudieron evitar otros incidentes provocados, en general por la izquierda troskista.

Pese a que los ejes del paro fueron difusos, los dirigentes que integran el triunvirato de conducción de la CGT señalaron que la medida era en reclamo de mayores puestos de trabajo, por el cierre de las importaciones y por un cambio en la política económica. Los enunciados de la protesta no fueron acompañados de propuestas concretas para solucionar los problemas que afronta la Argentina.

Los indicadores económicos y sociales tuvieron en 2016 un retroceso respecto de 2015, año en el cual, durante los tramos finales de la administración de Cristina Fernández, se adoptaron medidas que agravaron las distorsiones ya existentes. Estas debieron ser corregidas, con un alto costo social, en los primeros meses de gestión de Mauricio Macri.

El estancamiento comenzó a revertirse en los últimos meses a partir de una cosecha récord de granos, la mayor actividad de la agroindustria y la puesta en marcha de numerosos planes de obra pública.

Suena entonces disparatado un paro de actividades cuando aparecen los primeros signos de reactivación, más allá de que aún un tercio de la población permanece en la pobreza y uno de cada tres trabajadores se encuentra en la informalidad.

El paro obedeció a la necesidad de la CGT de recuperar protagonismo ante el avance de organizaciones sociales y de agrupaciones políticas que intentan capitalizar el descontento social, al tiempo que proponen soluciones inviables para el desarrollo económico. La central obrera tiene derecho a reclamar por una mayor ocupación, pero debe garantizar que la huelga se efectúe en paz, sin alterar el orden público y con respeto, a la vez, del derecho de quienes pretenden cumplir con sus tareas este día.

La amenaza de Omar Viviani, titular del Sindicato de Taxis de la Ciudad de Buenos Aires, de “dar vuelta” los vehículos que presten servicios conspiró contra la defensa del trabajo. Tampoco contribuyó al clima social el mensaje propalado por niños en una publicidad que reclamaba la adhesión a la huelga nacional.

 

Los trabajadores que deseaban ejercer sus labores no deberían de haber recibido amenazas ni ser objeto de amedrentamientos de ningún tipo. El acceso al trabajo es para todos, y nadie puede convertirse en mandamás de un derecho constitucional, como pretenden algunos sectores. Pero lamentablemente, eso en nuestro país hace muchos años que no se respeta.

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