Inicio | Locales | Antes del lavado de pies, el padre Alejandro instó a que nunca falte la presencia de Dios

Jueves Santo

Antes del lavado de pies, el padre Alejandro instó a que nunca falte la presencia de Dios

Por
Tamaño de letra: Decrease font Enlarge font
Luego de la homilía, el cura párroco se dispuso a realizar la ceremonia del lavado de pies. Luego de la homilía, el cura párroco se dispuso a realizar la ceremonia del lavado de pies.

Lo dijo en su homilía del pasado jueves en la que además dijo: “no perdamos conciencia que nuestra felicidad está en el servirlos porque servir a cada uno de ustedes es servir a Dios es ser fieles al amor de Dios”. En la celebración del jueves el templo de la Parroquia nuestra señora del Carmen estuvo colmado de fieles.

Una de las ceremonias más significativas de la Pascua cristiana es la recordación del acto que hizo Jesús en la última cena, la noche previa a su crucifixión. En la parroquia Nuestra Señora del Carmen el pasado jueves, en la misa de las 20:30, el párroco Alejandro Guidobaldi luego de dar su homilía en la que exhortó a vivir la pascua como la vivió María, procedió a lavar los pies de doce fieles previamente escogidos. Para ello caminó por el pasillo central y se puso de rodillas ante cada una de las doce personas escogidas, a quienes lavó los pies, para luego besarlos. Una vez concluida la ceremonia, continuó con la misa.

 

Participación en la eucaristía

 

En su homilía, dada minutos antes de lavar los pies, expresó: “Cuando pensaba en qué iba a decir hoy, me quedaba por momentos pensando en hablar estrictamente desde el sacerdocio en torno a la eucaristía, en torno del servicio, hablar de la participación de la eucaristía como un acercamiento a María, incluso de este llamamiento y exhortación que no hace Jesús a servirnos unos a otros”, dijo al comenzar con su homilía. “Son todas cosas ciertas, incluidas en la palabra si uno las va desmenuzando. Lo cierto es que a veces se nos hace difícil hablar del sacerdocio y decir yo soy una bendición de Dios para todos ustedes y yo me los imagino mirando a mi cara desde el lado de ustedes”.

“Entonces decir qué don tan grande Dios deposita en nosotros y que no es merecimiento y nada por el estilo”, añadió. “Hoy muchos me han enviado diferentes mensajitos de texto, entre ellos mí mamá, ya que no pude hablar con ella y yo le daba gracias, porque parte de este sacerdocio es gracias a ella que me dio la vida y que supo trasmitirme la fe, que fue la tierra fecunda sobre la cual fue germinando esa semillita que una vez Dios depositó en el día de mi bautismo”.

“Pero más allá de merecimientos, el sacerdote y yo entre ellos, y Fabián (Tula)* luego, dentro de unos meses cuando el Obispo lo diga, no debemos olvidarnos nunca de que somos pastores y que en realidad lo vamos a hacer más allá de un título, si estamos rodeados de ovejas, si estamos en medio de un pueblo”, comentó el oficiante. “Si sabemos ponernos delante y también animar desde atrás”.

 

Somos felices

 

“Todas estas cosas rondaban por mi mente hoy”, comentó el padre Alejandro. “Y se iba despertando en mi la conciencia de que somos felices, que nos da a entender Jesús, cuando servimos. Entonces con cierto examen de conciencia, pensaba en las veces que no me siento muy feliz y que esos no son culpa de nadie, más que de mí. Son los momentos en que tal vez uno se torna un tanto egoísta y se encierra y dice hasta acá llegué, mañana sigo y la obra más importante del día, que era la que Dios esperaba que realizara, se quedó esperando, o sin respuesta alguna”.

“Entonces en ellos, en esta noche, en este compartir la cena del Señor les pido que recen por mí y por todos los sacerdotes”, solicitó el párroco. “Para que realmente disfrutemos y no perdamos conciencia que nuestra felicidad está en el servirlos porque servir a cada uno de ustedes es servir a Dios es ser fieles al amor de Dios. En estas cosas para ello nos elige Dios. El sacerdocio es instituido para enseñar, gobernar o santificar. Depende de la personalidad del sacerdote. A algunos les gusta gobernar mucho, otros son demasiado angeloides y pareciera que todo es santo a su alrededor. Algunos demasiado docentes… entonces recen para que tangamos un poquito de cada cosa, en la medida que Dios lo disponga y para que en nuestro enseñar cotidiano de la palabra de Dios sea en la práctica, desde el testimonio desde la entrega, desde el servicio”.

 

Gobernar es misión de santificación

 

“Lo mismo en el gobernar”, dijo enseguida. “No somos ni presidentes, no gobernadores o Intendentes de la casa de Dios. Ese gobernar que está íntimamente ligado a la misión de santificación, es un iluminar el rumbo de la comunidad, pero sin olvidarnos que somos tan humanos como cualquier otro, si no fuéramos tan humanos no podríamos ser sacerdotes y en ese ser humanos, descubrir que también tenemos nuestras limitaciones y debemos reconocer nuestras equivocaciones, saber pedir perdón, saber decir gracias. Porque sin ustedes no seríamos pastores”.

“Esta reflexión que hago del ministerio sacerdotal, la comparten de alguna manera todos ustedes desde el sacerdocio común”, recordó Guidobaldi. “Nosotros para ustedes. Ustedes para sus familias, para la comunidad cristiana, para el mundo. Descubran cada día la alegría de servir. Cuando en algún momento no la experimenten o sientan algún vacío, pregúntense cómo están sirviendo a Dios y en que lo están haciendo y si ese servicio que hacen a Dios es una respuesta a lo que están orando, a lo que cada día Dios despierta en el corazón de cada uno”.

 

Algunos escogidos

 

“Muchas veces nos admiramos con Dios que se hace hombre y nos lava los pies a los hombres, lava los pies a los discípulos”, recordó. “Incluso entre ustedes siempre hay algunos escogidos. Por eso no pierdan nunca esa inspiración, sabiendo que es una invitación a hacer lo mismo con aquellos a quienes Dios nos esté enviando”.

“Mucho hablamos de la maternidad de María”, añadió el sacerdote. “Ese gran regalo que hizo Jesús en la cruz y que vamos a revivir y que muchas veces nos cuesta compartir el fruto de sus entrañas, valorarlo en la eucaristía. Mi hijo es carne de la carne y sangre de la sangre de su mamá y de su papá. Entonces cada vez que no valoramos la sagrada eucaristía, en realidad además de ello, de no permitirle a Dios estar tan cerca nuestro, tampoco le permitimos a María como madre hacerlo también”.

“Nos admiramos de un milagro del que hablamos muchas veces que Jesús transformó, en medio de una fiesta por una alianza matrimonial, el agua en vino”, agregó el párroco. “Pero perdemos muchas veces de vista el que transforma en cada misa el pan y el vino, en su cuerpo y en su sangre y que no es para una alianza matrimonial, sino que es para la alianza nueva y eterna que hace con cada uno de nosotros, en la cual el no quiere que nadie se pierda, que ningún hijo se aleje y por ello función de eucaristía, haciendo memoria de esta última cena es que con las palabras de Jesús, no con las del sacerdote, Él se hace presente en cada misa. Para que como en aquella noche que recordamos recién con el Evangelio, se proclamó él, se haga presente en medio nuestro y podamos compartir en una misma mesa”.

“Estas son las palabras que las que recordamos en la segunda lectura que recibió San Pablo varios años después de la última cena”, dijo el padre en referencia a una de las lecturas bíblicas de la misa. “Pero que con fidelidad supo transmitir esta palabra, de esta última cena que recibimos nosotros, sepamos transmitirla cada uno desde nuestro lugar. En el nuestro en el lugar del sacerdocio ministerial. Pero ustedes en sus hogares también, porque es el momento más grande en el cual Dios se hace presente en medio nuestro. Podemos hablar de la eucaristía en un amplio sentido, pero no nos perdamos del momento en el cual se hace presente y se celebra en el estricto sentido”.

 

La presencia de Dios

 

“Nos alimentamos de la presencia de Dios en el servicio que es a lo que nos llama Jesús, pero ese es el fruto de alimentarnos de la eucaristía en cada misa”, afirmó Alejandro Guidobaldi. “En cada celebración. Por ello tratemos de no perder desde nuestra óptica, desde nuestra visión, de cada uno, lo esencial de nuestra fe. No quedarnos en el resultado de… como si fuera lo más grande, porque con el tiempo vamos perdiendo la fortaleza, el fervor y el amor que el Espíritu Santo nos da a cada uno. Todo esto es acción de él. Nosotros seamos desde el servicio, la resultante de esa acción, la manifestación de la acción del Espíritu Santo en el mundo. Por ello hoy pidamos a Dios que todos desde el lugar que corresponde, desde el lugar que cada uno ocupa en la sociedad seamos fieles, dóciles y generosos, y fieles instrumentos de la acción del Espíritu Santo”.

“Que nuestra mirada y nuestro corazón estén puestos en Dios para ponerlos mejor en el mundo, para poder servir al mundo con grandeza”, instó. “Buscando de que en el mundo reine cada vez más la presencia de Dios. Muchas veces nos sucede que nos cuesta mirar y juzgar las cosas desde la óptica de Dios. Muchas veces miramos las cosas de Dios demasiado humanamente y entonces pensamos en cómo está la iglesia, en que si somos más o si somos menos, o en que hacemos más o menos cosas. En que si tal persona es generosa, optimista o es egoísta y pesimista. Hoy Jesús nos enseña a mirarnos como hermanos. Hoy María espera con ansiedad que nosotros lo sigamos, que no sólo lo escuchemos, si no que llevemos a la práctica lo que nos enseña, aquellos por lo cual el va a entregar su vida, todo está dispuesto, nos ama hasta el fin”.

 

Seguir a Jesús

 

“¿Nosotros vamos a seguir a Jesús en estos días? ¿vamos a animarnos, como hijos de María? ¿Vamos a animarnos a sentirnos tan cerca de ella contemplando el misterio que celebrar eremos? ¿De la pasión, muerte y luego de resurrección de la forma que lo vivió María?”, preguntó Guidobaldi. “Dios nos invita a que desde esta noche lo vivamos como en aquellos días para que este triduo sea el punto de inflexión en el cual vivamos verdaderamente al fina nuestra Pascua. Toda pascua, como la pascua judía como la escuchamos en la primera lectura, comenzaba con ese banquete de una u otra manera cuando nosotros hoy comenzamos compartiendo el banquete de nuestra salvación, El banquete mediante el cual, Jesús sabiendo que iba junto al padre se las ingenia para permanecer siempre junto a nosotros. Para que nunca nos falte la presencia de Dios, por ello los invito a que, como María, continuemos viviendo estos días”, finalizó el padre Alejandro Guidobaldi.

 

 

* Fabián Tula llegó desde Punta Alta, está próximo a hacer sus votos sacerdotales y recientemente fue nombrado diácono por el obispado de Bahía Blanca.

Image gallery

Compartir en: Post on Facebook Facebook Twitter Twitter

Suscribirse a alimentadores (feed) de comentarios Comentarios (0 publicado)

total: | mostrando:

Publicar tu comentario

  • Marcado
  • Itálico
  • Subraya
  • Cita

Por favor introduce el código que ves en la imagen:

Captcha
  • Enviar a amistad Enviar a amistad
  • Imprimir Imprimir
Compartir en: Post on Facebook Facebook Twitter Twitter