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Castraciones masivas

“Los recursos públicos deben ir a eliminar la superpoblación, no atacando la consecuencia sino la causa”

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Susana Lang, de Vecinos Proteccionistas, acompañada por Ana Paula Rosillo, de la ONG en Red. Susana Lang, de Vecinos Proteccionistas, acompañada por Ana Paula Rosillo, de la ONG en Red.

De visita en la ciudad estuvo Ana Paula Rosillo, perteneciente a “ONG en Red”, un programa que pretende controlar la natalidad de los animales. Junto a Susana Lang comentaron los alcances de la propuesta y la poca predisposición política para implementarlo.

El problema de los perros en nuestra ciudad es un tema que nunca pierde vigencia. Durante años se ha tratado por diferentes vías de solucionarlo, hasta que en 2017 un grupo de proteccionistas, “Colitas Contentas”, ganó el Presupuesto Participativo y con el dinero se pretendía armar una perrera decente para los animales callejeros.

Durante mucho tiempo se luchó para conseguir un espacio físico acorde a las necesidades de los animales, hasta que luego de muchas idas y vueltas, el municipio brindó el lugar. Pero la obra tardó mucho en comenzar, y es el día de hoy, ya en las puertas de 2019 que todavía no se finalizó.

Además de la perrera, el problema siempre latente es la cantidad de perros sueltos que habitan la ciudad, y particularmente el centro, donde ya han provocado accidentes y han mordido gente.

Desde la ONG “Vecinos Proteccionistas”, se contactaron con “ONG en Red”, que ofrece un programa que procura el equilibrio poblacional de los animales. Para hablar sobre el tema, Ana Paula Rosillo, referente de ONG en Red, explicó a Nuevo Día que “sabemos que es una gran problemática el tema de los perros en la calle y la necesidad de políticas públicas en ese sentido, entonces el programa lo que apunta es poder sobre todo concientizar a la gente, generar educación, pero también que el Estado sea responsable a través de una política pública eficiente y sobre todo ética, porque sabemos que las perreras a través de la historia no han sido útiles, todo lo contrario”.

 

Cifras exponenciales

 

Sobre el crecimiento poblacional de los animales, Ana Paula concretó que son cifras alarmantes. “En cualquier sociedad sabemos que los animales se reproducen mucho. Por ejemplo en 7 años, los perros se reproducen a 5.500 más, mientras que los gatos, en el mismo tiempo, son 509.000”, afirmó. “Todo esto si no se controla, la reproducción no se puede controlar y la perrera no controla ese problema, es atacar la consecuencia y no la causa”, sentenció. “Además a los animales no se les da una buena condición de vida, siempre terminan enfermos, mal atendidos, se mal administran los recursos públicos y lo malo de la perrera es la idea del animal descartable”.

 

Tratar el problema de raíz

 

Según comentó Ana Paula, sacar de la vista el perro no soluciona el problema. “Para la sociedad, el animal que está en la calle el Estado lo busca y lo encierra pero no es la solución, porque se siguen reproduciendo”.

“Lo que planteamos, luego de tomar una política activa en que las perreras no deben existir, hay muchos municipios han ido por ordenanzas que no son eutanásicas y también le hemos dicho no a la perrera, porque los recursos públicos no deben ir ahí sino justamente a eliminar la superpoblación, no atacando la consecuencia sino la causa, a través de un programa de castraciones”, aseguró.

 

Un programa exitoso

 

Ana Paula Rosillo explicó que el programa que proponen tiene seis requisitos claves, y si falla uno de ellos genera el fracaso del programa, por eso es importante que todos se cumplan a través de una política pública. El programa debe ser:

Masivo. “Es decir que al menos se tiene que castrar un 10% de la población de la localidad”, argumentó. “Si en Coronel Suárez hay aproximadamente 40.000 habitantes, da dividido dos la población animal que hay. Es decir que hay 20.000 perros, entre los callejeros y domiciliados. Si lo multiplicamos por el 10% nos da 2.000 castraciones que se deberían realizar por año, para mantener el mínimo de masividad de la población. Si dividimos esa cifra por 12, obtenemos la cantidad de castraciones que se deben realizar por mes, es decir 170 se deberían hacer como mínimo, es decir cerca de 10 por día. Lo que proponemos es un servicio eficiente, ético y si en Suárez se castraran 10 perros por día, lograrían mantener el equilibrio poblacional, que no se mantiene en pocos meses, sino que se piensa en años. En muchas localidades hemos logrado trascender colores políticos. Esto es una lucha de los vecinos, que han entendido que este sistema es el único que éticamente logra controlar la población animal y hay muchos casos exitosos.”

Gratuito. “Para todo tipo de ciudadanos, con poder adquisitivo alto, medio o bajo. Que todos realmente puedan acceder al servicio”.

Sistemático. “Es decir que no se tiene que cortar para no volver atrás”.

Extendido. “Tiene que llegar también a zonas rurales”.

Temprano. “Es decir que se tiene que castrar antes del primer celo. Es un mito que las perras primero tienen que ser madres para poder ser castradas. Está comprobado que si son castrados antes de la primera alzada, se previenen muchas enfermedades por ejemplo en las perras, el cáncer de ovario o de mamas, muertes en el parto, etc. En los machos lo mismo, previene cáncer, tumores, etc”.

Abarcativo. “Incluir perros, gatos, machos, hembras, jóvenes, adultos, perras preñadas o en celo, perros sin y con dueño”.

“Esas son las características básicas del programa, que está sostenido en la información que debe generar el Estado dentro de esta política de salud pública, combinado con los medios de comunicación para que la población tome conciencia por el bien de todos”, prosiguió. “Incorporar charlas en las escuelas, que el Estado trabaje con las ONG y los voluntarios, es muy importante el trabajo que hace Susana (de Vecinos Proteccionistas) y su equipo, pero necesitamos que el Estado apoye a los activistas. No podemos trabajar aislados, en un conjunto entre municipio, voluntarios y comunidad”.

 

Falta compromiso

 

Susana Lang, de Vecinos Proteccionistas, comentó que se reunieron con el intendente Roberto Palacio, pero no fue muy alentador. “A todo nos dijo que no”, afirmó. “La perrera la están construyendo pero no la terminan, no está hecha ni la mitad. Además, queremos crear las condiciones para que los perros estén bien”, prosiguió Susana. “Están enjaulados, presos por un dueño que los abandonó y no castró, se reproducen y terminan en el centro, en una sociedad que no es responsable. Pero tiene que intervenir el Estado, castrando, evitando que se sigan reproduciendo”.

La Municipalidad adquirió hace buen tiempo un castrador móvil, que prometía salir a los barrios a realizar el trabajo. Consultada sobre el estado del mismo, Susana afirmó que “del castrador móvil nos dicen que no consiguen veterinario. Si están haciendo 60 castraciones por mes y no alcanzan, las bajaron a 30. El intendente está dispuesto a pagarle a un veterinario $ 24.000 por mes, pero mientras no está pagando esa cifra, ¿por qué no aumenta las castraciones?”, se preguntó. “El Intendente nos dijo que está dispuesto a contratar un veterinario con ese sueldo, pero ninguno está dispuesto para tomar el puesto”.

 

Un trabajo mancomunado

 

Susana agradeció el trabajo realizado por la veterinaria Gabriela Steinmetz. “Nos da una mano y está haciendo un trabajo increíble, castrando y atendiendo a los animales”, apuntó.

“Es importante que el castramovil esté en los barrios, porque hay gente que no puede llevarlos por las distancias. Es un trabajo que estamos haciendo nosotros, dejamos nuestros trabajos y salimos a buscar a los animales, los llevamos a castrar y los devolvemos a su lugar. Muchas veces nos hacemos cargo de los medicamentos porque hay gente humilde que no puede pagarlos, cuando en su momento se suponía que el encargado de la perrera tenía que hacer este trabajo en la camioneta de la Municipalidad. Creo que eso nunca ocurrió, el problema también es que no tenemos espacio físico para todos los perros”.

“Con este sistema reducimos los nacimientos, se termina el cachorro y podríamos dar en adopción a los que ya tenemos”, se entusiasmó Susana. “Debemos darle una oportunidad al perro adulto, la gente siempre pide cachorros, pero los adultos también merecen una oportunidad. Ya sabemos el tamaño definitivo, el carácter… el cachorro es divino, pero va a romper, a hacer pozos y crecer, no sabemos cuánto”.

“La gente tiene que tener el compromiso de saber que cuando adopta, el animal es un integrante más de la familia y no una maceta para el patio, un adorno, o un juguete para los chicos”, subrayó. “Le pedimos al gobierno que apoye este sistema, es sólo una decisión política”.

 

 

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