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“Títeres en el bondi”

A Adrián Martínez el arte le ha dado la vida

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Adrián Martínez y su compañera Analía Camaño, echaron raíces en Coronel Suárez. Adrián Martínez y su compañera Analía Camaño, echaron raíces en Coronel Suárez.

Ello se desprende de este titiritero trashumante, nacido en un barrio marginal de Buenos Aires que creó su compañía: Títeres en el Bondi, y que tras recorrer toda la geografía argentina ha decidido, junto a su compañera Analía Camaño, fundar una familia. Por ello ha echado raíces en Coronel Suárez, más precisamente en Cura Malal, donde construye una casa y mientras tanto vive en un “bondi” dedicado a difundir su arte, mientras que la hija de ambos, Cumelén, les roba el corazón

“Si no me hubiese cruzado los títeres, hoy estaría preso o muerto”, expresó Adrián Martínez, quien junto a Analía Camaño lleva adelante el esfuerzo de formar una familia y la pasión por el teatro de títeres. Lo que los llevó a recorrer el país, desde el punto más boreal hasta el confín austral en Tierra del Fuego, “me faltó nada más que la Antártida”, dijo al respecto.

Camaño y Martínez residen en Cura Malal donde construyen una vivienda, mientras tanto viven en el colectivo, o mejor expresado en un “bondi”, lo que le da justificación al nombre de su compañía “Títeres en el Bondi”, mote que también está emparentado con el lenguaje tumbero, que usa el término para hablar de despelote o kilombo.

Martínez nació; “en un barrio bajo”, según sus propias palabras, de la ciudad de Buenos Aires, donde vivió sus primeros años con su madre y si bien no lo dice taxativamente, allí debe de haber tenido contacto y acaso se haya visto tentado de unirse a tantos que hacen de la delincuencia su medio de vida, y que terminan sus días en algún zanjón, o cumpliendo largas condenas, lo que le da crédito a aquello que se consigna más arriba en esta nota.

“Empecé con esto de los títeres alrededor de 2001 y soy egresado 2005 de la Escuela de Formación Actores Titiriteros de ‘Toto’ (Elvio) Villarroel, que en ese momento era un de las dos que existían en el país”, puntualizó Martínez. “Estaban la del (Teatro) San Martín y la del Toto de Avellaneda con dos estilos diferentes”.

 

- ¿Por qué títeres?

- Con los títeres encontramos una forma de comunicar, de llegar a diferentes públicos y a la vez nos ha permitido viajar a lo largo del país contando y escribiendo historias. Hemos viajado a lo largo de todo el país y no exagero cuando lo digo, porque hemos estado desde El Angosto (el punto más al Norte del país) al fin del mundo (Ushuaia).

 

- ¿Qué es un títere? ¿Cuáles son los que usted maneja?

- La definición de títere del diccionario español dice que es: objeto animado puesto en función dramática. O sea que cualquier cosa que se ponga en esa circunstancia puede ser un títere, sea una silla o un matafuego.

Yo he manejado el bocón con varilla, que es aquel al que se le abre la boca y con una varilla se manipula la mano del títere y el títere de guante que he utilizado con uno y dos dedos en el cuello y el pulgar y meñique en los brazos.

Para esto se necesita el entrenamiento de la mano y al mismo tiempo, el sentido, la energía para poder llegar al público con el mensaje que se quiere transmitir. Porque si el títere no tiene esa fuerza y personalidad, no llega por más que tenga un buen libreto.

 

- ¿Por qué Coronel Suárez y puntualmente Curá Malal?

- Fue por una cuestión personal. Analía y yo nos conocimos en Jujuy. Ambos somos porteños, con sangre originaria. El destino hizo que ambos coincidiéramos en Jujuy y comenzamos a trabajar juntos. Con ella haciendo algunas obras juntos y también haciendo de payasos, fuimos de Norte a Sur y de Sur a Norte, pasamos por Patagones, luego llegamos aquí, ya decididos a tener un hijo entonces nos afincamos aquí.

No reniego de vivir en una gran ciudad, pero la magia pintó y aquí estamos. Conseguimos un terrenito en Cura Malal, donde aún estamos construyendo. Nuestra hija nació aquí en Coronel Suárez; Cumelén que tiene 2 años y 4 meses. Ella nos está llenando de alegrías, y no sólo a nosotros, sino también a todo aquel que la conoce, le llena el corazón también.

 

- ¿Siguen viajando?

- El año pasado estuvimos trabajando con el municipio a través de la Dirección de Cultura y estuvimos dando un taller de títeres en Cura Malal de modo que pudimos ejercer como docentes la actividad de titiriteros.

Eso salió muy lindo porque los chicos tuvieron contacto con los títeres en diversos aspectos y técnicas de trabajo.

Con esto ahora es como que dejamos de lado un poco a la presentación de títeres. Hace un año tuvimos la oportunidad de trabajar en Pigüé para el Día del Trabajador, con una actuación en una plaza y nos han llamado de nuevo, pero tendríamos que volver a entrenar, ya que cambiar una lamparita cansa los hombros, imagine tener los brazos levantados por una hora.  

Cómo nosotros vemos a los títeres como una actividad profesional, me parece que no voy a actuar en Pigüé.

 

- ¿Qué otras cosas están haciendo?

- Estamos en la plaza Tambor de Tacuarí con la actividad Pintamos al Aire Libre, que no tiene nada que ver con los títeres, pero no deja de ser parte del incentivo del arte para los niños. Además, estamos haciendo juguetes didácticos de madera, que se llaman en falsa escuadra. Eso no hace que deje de tener los títeres presentes no dejan de estar en mi casa.

De hecho, mi hija no deja de jugar con títeres. Mete los dedos en una media o en el dulce de leche y para ella son títeres.

Hay algo muy personal con los títeres. Es algo que me pasó. Nací en un barrio bajo de Buenos Aires y si yo no me hubiese cruzado con el arte, en este caso el teatro de títeres, estaría preso o muerto, porque por allí iba mi caminito.

Por eso cuando promuevo el arte y los títeres, le apunto a una alternativa de expresión. Muchos queremos decir cosas y no sabemos como decirlas o llegar. El arte es una de las maneras transmitir mensaje, pensamientos, vivencias, emociones…

Así como el destino me cruzó los títeres, el destino me cruzó a Coronel Suarez y hoy soy suarense, mi hija es suarense y tengo amigos que son de aquí.

Aquellos que quieran saber algo más de nosotros, le recomiendo Google que sabe más de nosotros que nosotros mismos (bromeó).

 

- ¿Por qué “en el bondi?

- Hay dos razones. Una es que en lenguaje tumbero o carcelero, bondi significaría lío, alboroto, kilombo, despelote, desorden… entonces nosotros hacemos títeres en este bondi, lío o alboroto. Quiso es destino es que actualmente vivimos en un bondi (colectivo) o sea que somos títeres en el bondi.

Gracias a esto, he podido vivir cosas que de otra manera no las hubiese vivido. Creo que a los títeres a veces se los ningunea, se los considera un arte menor. Quien ha intentado hacer funciones con títeres, se ha dado cuenta que no es nada sencillo.

He tenido la oportunidad de trabajar con psicólogos en Tafí del Valle con el títere como herramienta, con docentes como medio para llegar. Hemos llevado historia argentina contada por títeres a lo largo del país.

 

 

- Le entiendo perfectamente, además al contar una historia la ubica en una parte de la geografía. Algo de lo que también ocurre en el dibujo animado Los Simpson, donde constantemente mezclan citas filosóficas o de las ciencias…

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