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Fue declarada “ciudadana ilustre”

Esther Díaz enaltece con su presencia una nueva edición de “Contando la ciencia”

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Esther Díaz está visitando la ciudad Esther Díaz está visitando la ciudad

La doctora en Filosofía, epistemología y ensayista argentina charló con la prensa antes de presentarse en público. Con una historia de vida más que interesante, la conferencista dará una charla para profesores, estudiantes de las carreras docentes y público en general

En el marco de una nueva edición de “Contando la ciencia”, en la mañana de ayer llegó a la ciudad una conferencista de renombre: la doctora Esther Díaz, quien en el día de ayer brindó una charla para adolescentes, y hoy por la tarde, a las 19:30 en la Biblioteca Popular Sarmiento, se dirigirá a docentes y estudiantes de los profesorados.

La profesora Patricia Steinmetz fue la encargada de presentarla ante la prensa, y comenzó anunciando que este será un año XXL para “Contando la ciencia” ya que es un año muy amplio, que implica el trabajo interdisciplinario. “Lo estamos comenzando con una grande, como corresponde: Esther Díaz”, manifestó Díaz, “y con instituciones de nuestra comunidad que se ocupan de la formación docente  y el respaldo del docente. Estamos con representantes de Feb, Suteba, Udocba y con los representantes institucionales de los Institutos 160 y 48”.

Las representantes educativas mostraron todas su orgullo de tener entre ellas a Esther. Ana María Schweitzer (Suteba), no dudó en dejar clara su admiración por la filósofa. “Es un orgullo que esté aquí Esther, años y años utilicé su bibliografía”, le dijo emocionada. “Hace un tiempo me anoté en la maestría donde fuiste profesora, te esperábamos para que nos des clase. Es un orgullo que estés en Suárez, realmente les dije a mis alumnos en terciario que venías, están utilizando tu bibliografía”.

La directora del Instituto N° 48 Marta Cimarosti, reiteró la bienvenida a Esther como referente educativa y pedagógica de los actuales debates que competen a los educadores, “Celebrar este espacio, esta mesa propiciada desde la iniciativa ‘Contando la ciencia’ y que nos convoca a las instituciones que representamos a la formación pública del nivel superior local y a los gremios que acompañan nuestros espacios de lucha, de construcción y de debate”, dijo.

La representante de Feb, Graciela Gangone , también agradeció la presencia de la visitante, y sobre todo a las chicas que tuvieron en cuenta a todos los gremios, “porque si bien nosotros estamos siempre trabajando para los docentes, esto también es una manera de trabajar para los docentes y con los docentes, apoyando a todo lo que sea cultural y pedagógico”, señaló.

Gisella Mainini agradeció en nombre de Udocba y dejó en claro que los gremios no sólo se ocupan de un reclamo salarial, sino también de la capacitación del docente, “la reflexión de la propia práctica que es lo indispensable para poder actuar en estos escenarios de crisis y sobrellevar mejor las prácticas en el aula”, estableció.

Patricia Steinmetz aclaró que por cuestiones laborales y de organización, no pudieron estar presentes la directora de la Secundaria N° 1, quien respaldó la charla para jóvenes que se llevó a cabo ayer, y la bibliotecaria de la Biblioteca Sarmiento, lugar donde se desarrollará la charla hoy para el público en general, docentes y estudiantes de carreras del profesorado.

Esther Díaz se mostró conmovida por la presencia de los gremios docentes en la reunión. “Como ustedes saben me la paso recorriendo el país, pero nunca me ha pasado en ninguna conferencia de prensa o acto similar, que estuvieran los representantes de los gremios”, afirmó. “Me emociona que en este momento tan difícil que está viviendo el país, y sobre todo la gente que lucha por los derechos y formación de los docentes, que hayan sido convocados realmente es para hacerlo notar”.

 

“No me dejaban estudiar”

 

La historia de Esther es digna de destacar por su lucha, perseverancia y resistencia para lograr sus objetivos. Esta mujer de 78 años contó cómo logró alcanzar sus metas.

“Cuando yo era chica no me dejaron estudiar, cosa realmente insólita, uno lo dice hoy y parece mentira”, comenzó relatando. “Mis padres eran analfabetos, mi mamá había ido hasta segundo grado y no lo había terminado, y mi papá nunca fue al colegio. Ellos eran muy trabajadores, hijos de inmigrantes”.

Esther es tercera generación de españoles y tiene dos hermanas más. “La expectativa para las mujeres en aquel momento era que hicieran el primario, después había que llegar virgen al matrimonio, ser una buena madre, una buena esposa, una buena abuela y esto se acaba señores”, recordó. “No había otra posibilidad, a pesar de que éramos muy humildes, mi papá era diariero, no podíamos salir a trabajar”.

Esther siempre quiso ser independiente, pero ante esa realidad y siendo menor de edad, lo único que podía hacer eran trabajos en la casa. “Aprendí a bordar, cosa que me parece espantosa, valoro mucho a quien lo hace pero yo no tengo capacidad para eso. Aprendí a levantar puntos de media… ¡miren qué antigüedad!… hacía cualquier cosa con tal de tener un poco de dinero propio porque mi ilusión era disparar de ahí, de esa casa donde no me dejaban estudiar”.

 

Una gran contradicción

 

Tratando de salir del lugar donde no podía estudiar, Esther pensó en ser monja. “¡Miren qué contradicción! Para ser libre me iba a meter a monja de clausura, pero el asunto era zafar de ahí”, indicó. “Cuando entré al convento, era de Benedictinas muy estricto, me encontré con la triste realidad de que las monjas, por lo menos en esa comunidad, tampoco estudiaban. No era ninguna solución, estaba peor porque en mi casa por lo menos había cariño, aunque no me comprendieran”.

Recuerda que el colegio de monjas fue un sacrificio para sus padres y un mal para ella, “porque éramos de clase muy baja y a Colegios Privados iban los ‘hijos de los doctores’, como se decía en ese momento. Entonces yo no sé lo que es el compañerismo, me veo en el patio del colegio sola, y las pocas veces que se dirigieron  mí fue para hacerme alguna cargada, lo que hoy se llama ‘bullying’”.

 

Cumplir con el mandato

 

Esther siempre leyó cosas de historia y escuchaba atenta a las maestras, y pensaba que tan pronto como terminara el primario iría al Nacional Buenos Aires. “Yo vivía en Ituzaingó, en el conurbano de mitad del siglo pasado. No había colegios secundarios en Ituzaingó, y me dijeron que no podía seguir el secundario porque las ‘estudiantas’ se echaban a perder, fumaban en el tren, etc. y no había que ir”.

“No tenía otra salida, así que a los 20 años me casé”, prosiguió. “Cumplí con el mandato, llegué virgen al matrimonio como había que hacer en ese momento y ni siquiera por virtud, era porque sentía que si no las puertas del infierno se abrían y me devoraban…”

“Tuve dos hijos, y tuve la desgracia de que mi marido resultó alcohólico y golpeador, así que antes de los 25 ya estaba divorciada”, relató. “Para mantener a mis hijos, porque este hombre se fue y no pasó dinero ni nada, estudié peluquería y puse una peluquería en un lugarcito en mi casa. Le puse de nombre ‘el rinconcito’ porque era eso, un rinconcito en mi cocina con un biombo, y ahí comencé a trabajar de peluquera”.

 

“Es ahora o nunca”

 

A los 26 años Esther sentía como un estigma el no haber estudiado, pero ya creía que era demasiado grande para hacerlo. “En esa época una persona de 50 años era vieja ya, yo veía a mi abuelita que tenía 50 años y era como ahora ver a alguien de 100, entonces pensé que estaba vieja para empezar el secundario, pero dije ‘bueno, si la muerte me alcanza en el camino, que me alcance’, y a los 26 años comencé a estudiar para dar primer año libre”.

Su gran capacidad hizo que en dos años terminara el secundario, rindiendo libre año por medio. “Me decidí y dije ‘es ahora o nunca’, y allí fue donde vieron mi gran capacidad. Ya había tenido una experiencia similar de chica, estaba en Primero Superior y estaba por pasar a segundo. Como siempre me gustó estudiar y en casa no había libros, en vacaciones fui a San Martín a visitar a una tía y ella me mandó a una maestra particular en el verano, y esa maestra dijo que era una pena que vaya a segundo grado, que estaba para más”, detalló. “Así que di libre siendo tan chica y otra vez el desfasado desde el punto de vista social, porque mis compañeritas seguían en segundo y yo estaba en tercero. La soledad que hoy me gusta, no sé si me gustó siempre, será porque ya me acostumbré. Eran situaciones de la vida que me llevaban a eso. En el secundario pasó similar. Di primero libre, segundo regular, tercero libre, cuarto regular, quinto libre y en dos años liquidé el bachillerato de cinco. Por supuesto que seguía siendo peluquera en Ituzaingó”.

 

Su primera publicación

 

Entre los relatos que contaba, Esther recordó que cuando era chica había llenado un cuaderno de poesías, que luego se perdió. “A los 10 años mandé una colaboración mía a una revista que se llamaba ‘Mundo Argentino’ y a la semana apareció mi primera publicación, que justamente un periodista de Buenos Aires no sé a qué archivo fue, la consiguió y me la regaló hace un par de años, porque en mi casa no se le daba valor a esas cosas”, se emocionó.

 

La ‘doctorcita’ de la familia

 

“A los 25 Me preparé para dar el examen de ingreso en Filosofía y Letras, eso sí lo tenía en claro. No sabía qué carrera, pero Filosofía y Letras lo tenía en claro porque siempre me gustó leer y escribir, mi sueño era ser escritora”, refirió Esther. “Yo en aquel momento no sabía que existía el ensayo, yo pensaba en ficción porque era lo que llegaba a mí, algún cuento de ficción. Para mis cumpleaños, mis tías sabiendo mis gustos me regalaban libros de la colección ‘Tom Sawyer’, esos libros amarillos, así que accedí a la literatura universal gracias a los cumpleaños”.

Luego de rendir bien el ingreso a la UBA, se mudó a Capital con sus dos hijos, donde alquiló un departamento y consiguió trabajo en el Indec. “Vendí la peluquería y pasó lo mismo: en la carrera de Filosofía hice bastante materias libres y en cuatro años me recibí, con la idea del doctorado, porque a pesar de que entré a la Universidad sin ningún capital intelectual, siempre tuve la idea de ser doctora”.

Esther argumenta que la idea de ser doctora se la debe a su padre. Mi papá – que pensaba que el poder lo podían tener los hombres solamente – decía por mí ‘esta me va a traer el doctorcito’, refiriéndose a que me iba a casar con un doctor, entonces yo, que en aquel tiempo no se le contestaba a papá y a mamá, pensaba ‘yo voy a ser la doctorcita’. Soy la primera universitaria de mi familia, le debo todo a mi familia, porque fue contra ellos que hice todo lo que hice que fue resistiendo”, contó entre risas.

 

Una época difícil

 

“Me recibí en el ’73, cuando empiezan los problemas políticos de la Argentina – o mejor dicho continúan – entonces tuve que dejar mi título de grado y para ganarme la vida y mantener a mis hijos que ya eran preadolescentes, vendía tizas en los colegios en un ‘fitito’”, rememoró. “Cuando vuelve la democracia tengo la suerte de entrar como profesora en el CBC de la UBA y me anoto en Filosofía y Letras para el doctorado, de modo tal que a mis 50 años defendí mi doctorado”, dijo emocionada.

 

“La educación siempre fue violenta”

 

“Creo que tenemos varios desafíos, siempre el docente los tuvo”, contestó Esther a la pregunta sobre la educación de hoy. “Uno de lo que más se quejan los docentes es el tema de la violencia. Yo invito a reflexionar a que la educación siempre fue violenta”.

Esther ejemplificó que en algunos lugares de Inglaterra todavía se conservan colegios donde hay lugares de castigo para los chicos, tipo cárcel. “Siempre la enseñanza fue violenta, lo que pasa es que antes la ejercían los docentes, pero ahora cambió: ahora la ejercen los alumnos y sus padres. Hay que seguir investigando el por qué esa violencia”, reflexionó.

 

Un problema de todos

 

“A los docentes se les tiran la responsabilidad de socializar a las criaturas estas que se están formando, pero por otro lado ellos se lavan las manos”, se explayó. “ Por ejemplo, el famoso problema que tenemos todos los docentes que los chicos no leen, ¿quién les enseña a leer a esos chicos antes de que lleguen al colegio? En las casas no hay libros, en la Argentina el 40% de los hogares no tiene nada en impreso: no compra revistas, diarios ni libros. Entonces pretenden que por arte de magia el chico llegue al colegio y aprenda a leer. Es un problema social, hay que tomar conciencia que no es un problema solamente de los docentes. Los padres van, depositan los chicos en el colegio y hacete cargo, pero después si pasa algo que no me gusta, vengo con la violencia. Es una carga muy injusta la que llevamos los docentes.

La pedagogía debería ampliarse a la sociedad: señores, estamos educando a sus hijos, a futuros ciudadanos”.

 

“La tarea del educador no se va a perder”

 

Esther refirió que la labor del docente es socializar a los chicos y darles contenido, y se molestó con el dicho de ‘¿para qué sirve el docente si en Wikipedia tiene todo?’ que se escucha por ahí. “El docente es indispensable porque es un ser humano, es un ser que siente, que tiene sensibilidad. Tenemos que estar cerca, entre los alumnos para poder comunicarnos”, remarcó.

La filósofa aseveró que no usa ‘tecnologías frías’, como los Power Point, “ahí sí es igual a Wikipedia”, citó. “Si sos docente, tenés que poner el cuerpo, por ahí pasa la cosa. La tarea del educador no se va a perder pero sí se tiene que modificar en función del compromiso que la sociedad tome”.

 

“El esquema de la empresa se metió en las instituciones”

 

La doctora dijo que en el caso de este régimen neoliberal que vivimos no hay solución. “Se está cumpliendo en Argentina como en muchos lugares del mundo, que la empresa ha ocupado el panóptico”, afirmó.

“Foucault a mitad del siglo pasado dijo que vivíamos en una sociedad ‘panóptica’, una sociedad disciplinaria, en donde por ejemplo si estoy en un aula como docente, veo a todos los alumnos pero también ellos me ven a mí. Siempre estás siendo controlado mutuamente”, explicó. “Luego de morir Foucault, Deleuze vio además que con las tecnologías ya no se da esa relación, sino que pasamos de la sociedad disciplinaria a una sociedad de control, porque con el sólo hecho de tener un celular en la cartera, ya saben dónde estamos y nosotros no los vemos. Esa es la diferencia”.

“Cuando digo ‘empresa’ me refiero al esquema de las mismas que se ha metido en las instituciones. Entonces esa estructura funciona en las escuelas, en las fábricas – que de por sí son una empresa – pero no sólo en el sistema de controlar, sino en función económica a ver cuánto rédito más se puede obtener. Toda la sociedad es una empresa. Lo tremendo que está sucediendo desde el ’80 en el mundo y nosotros también lo estamos sufriendo, es que la empresa se ha metido en lo estatal, el Estado ya no se ve porque no se maneja como una institución al servicio del ciudadano, sino que se maneja como una empresa que no quiere saber nada con la palabra ‘pueblo’ y dice que somos individuos, que el Estado no debe hacerse cargo de ellos sino que se tienen que valer por sí mismos. Esto es tremendo”.

“No lo digo para que bajemos los brazos, porque siempre se puede”, continuó. “La resistencia, dentro de los marcos que nos permite la Constitución y la democracia, es una manera de gubernamentalidad, que son las prácticas que llevamos adelante para que se abra algún espacio de libertad. Yo fui una joven de los ’60 que pensaba que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, y así nos fue. Ahora no creo que voy a cambiar el mundo, pero puedo dar testimonio con mi vida de que sí se puede cambiar en los lugares donde nos desarrollamos, no estoy hablando de individualismo, sino todo se logra en grupos, es una salida comunitaria de resistencia microfísica a micro política, no estoy hablando de la gran política, pero la micro puede impactar en la macro”.

 

“Me preocupé por entender sus códigos”

 

Esther refirió que con los jóvenes tiene bastante experiencia, porque cuando volvió la democracia, luego de casi diez años que no se pudo entrar a las universidades nacionales, fue una ‘bataola’ de gente la que entró. “Me hice cargo de dos cátedras y llegué a tener 12 mil alumnos, lo que tiene una universidad completa, y 120 docentes que estaban a cargo de ellos”.

“Tenía que dar ‘pensamiento científico’ a estos chicos que eran hijos del proceso militar, entonces pensé ¿cómo entro en esa aula de 300 o 400 chicos de los cuales no sé nada y que estuvieron en esa desgracia que estuvimos todos los argentinos? Entonces, en ese momento, por suerte no era el reggaetón como es ahora, estaba de moda el Rock Nacional. Así que empecé a meterme en ese mundo, a escuchar música rock, a comprar la revista ‘Pelo’ y cuando viajaba a Europa me compraba remeras con los líderes del rock como Pink Floyd, etc. Cuando entraba a dar mi teórico, entraba toda vestida de cuero, con los pelos parados, con algunos piercing y para ellos eso era un guiño”, contó. “Eso me lo construí, no es que no me gusta, pero cuando yo subía al escenario así ellos me aplaudían antes de escucharme hablar, porque me preocupé por entender sus códigos. Creo que por ahí va la cosa: no esperar que ellos vengan a los planes y todo eso que se hace en el escritorio, sino ir a ellos y por supuesto después sí ser inflexibles con lo que uno quiere poner. Somos autoridad y hay que marcarla, sin pasar al autoritarismo. El rigor hay que mostrarlo, pero primero debemos demostrarles que estamos dispuestos a compartir sus códigos. No sé cómo harán ustedes que están en ejercicio para poder amar el reggatón, pero bueno…”, bromeó con las presentes.

 

Ciudadana ilustre

 

 

Luego de la interesante charla, Oscar Durand en representación del Concejo Deliberante, entregó un decreto que se aprobó por unanimidad que la declara “ciudadana ilustre” de la ciudad, además de otro que declara “de interés municipal” sus conferencias. 

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