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En el cierre del Congreso Eucarístico Parroquial

“Salvar la vida es arriesgarla por Cristo”

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“El sueño de Dios para nosotros es la vocación desde la eternidad, y no puede ser sino un deseo, un sueño, una voluntad para la eternidad” sentenció el obispo Aspiroz durante el oficio religioso, seguido por una compacta feligresía que le hizo frente al c “El sueño de Dios para nosotros es la vocación desde la eternidad, y no puede ser sino un deseo, un sueño, una voluntad para la eternidad” sentenció el obispo Aspiroz durante el oficio religioso, seguido por una compacta feligresía que le hizo frente al c

Lo expresó ayer en la Misa celebrada al aire libre el Obispo de Bahía Blanca Monseñor Fray Carlos Aspiroz Costa en su homilía y previo a imponer las manos a jóvenes que se confirmaban. Asistieron varios cientos de personas que desafiaron el frío y el viento que soplaba con intensidad. Además instó a soportar las dificultades al decir: “Tomar la cruz significa ser difamado, vilipendiado como pasa en muchos lados del mundo y también en Argentina”

Con una misa al aire libre celebrada por el Obispo de Bahía Blanca culminó ayer el IV Congreso Eucarístico Parroquial que organizó la parroquia de nuestra señora del Carmen y que tuvo desarrollo a lo largo de toda la semana pasada.

Varios cientos de fieles que desafiaron el viento y el frío se dieron cita en el playón del ferrocarril donde se había montado un altar. Allí monseñor Fray Carlos Aspiroz Costa el arzobispo de Bahía Blanca, presidió la misa a concelebrada junto al párroco Diego Kessler y los diáconos Segui y Arean, donde además fueron confirmados en la fe un grupo de jóvenes a quien el Obispo le impuso las manos, en una tocante ceremonia de profundo arraigo en la fe Cristiana instaurada por Jesús con sus discípulos.

Tras las lecturas de fragmentos del antiguo testamento, las cartas de los apóstoles y del evangelio el monseñor Aspiroz, brindó su homilía, con un profundo mensaje netamente religioso. Con posterioridad a sus palabras se procedió a la confirmación, donde tras los protocolos litúrgicos de rigor, el Obispo impuso sus manos sobre la cabeza de los jóvenes confirmantes con quienes intercambió breves palabras. “El frío exterior se va a compensar con el calor interior”, dijo el celebrante al comenzar a dar su sermón. “No podemos imaginarnos desde nuestra sensibilidad el significado que esto tiene (la confirmación) para una comunidad. Hemos vivido un congreso largo y yo los he acompañado. Pude llegar ayer por la mañana (por el sábado) para estos dos últimos días”.

 

Una sola alma

 

“Lo cierto es que todos nosotros, leyendo a la carta de San Pablo que se ha leído recién”, expresó Aspiroz. “Creo que nosotros unánimemente, la fundaminidad, es decir una sola alma y un sólo corazón, queremos descubrir la voluntad de Dios; lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto”. Dijo el sacerdote. “Jeremías, mucho antes de Cristo, confiesa dos cosas y a veces van juntas en nuestro corazón, la primera parece una declaración de amor, y no lo parece, ¡lo es!: Me sedujiste Señor y me dejé seducir. Lo dice con un dejo de alegría y a la vez de tristeza. Porque haberse dejado seducir por el Señor, es decir ser enviado a su pueblo en medio de un momento tan difícil. Porque Jeremías se da cuenta que no logró su cometido, terminó hundido en una ciénaga, en el barro. Por qué los que le acariciaban las orejas al rey de turno, le decían no te preocupes no pasa nada y detrás de ello venía un pueblo que secuestró a todo el pueblo judío y se lo llevó muy lejos.  Él anunciaba esto”.

“Se hundió en el barro, tal cual la frase del libro de Jeremías”, siguió diciendo el Obispo de Bahía Blanca. “De allí que diga después. Hubiera querido huir. ¡Basta! No quiero predicar más tu nombre. Esto mismo pasa en el corazón de cualquier cristiano, sobre todo los que reconocemos de aquel, como el vicario de Cristo, Pedro”.

“Pedro Fue elegido por el Señor”, apuntó el celebrante. “No por los méritos. No tenía el pecho lleno de charreteras y medallas al mérito, para merecer sido elegido. Dios conoce nuestros corazones. Conoce los corazones de ustedes que se van a confirmar”.

“Digan conmigo, o respóndanme”, dijo dirigiéndose a quienes esperaban ser conformados. “Antes de que se haga eterno este sermón. Les pregunto  ¿Dios es eterno? ¿Sí o no? (le respondieron sí) “¿Cómo lo saben? (repreguntó para responderse de inmediato) “Es eterno. No significa que dura mucho. Eterno puede ser este sermón por ejemplo (dijo en tono de humor)  Dura mucho y hace frío, pero ya vamos a aterrizar”, aseguró Aspiroz. “Es eterno y eso significa que está fuera de las nociones nuestras del tiempo y del espacio. Infinito… todo poderoso… omnipotente. Es un modo sencillo del lenguaje que no alcanza a abrazar la dimensión del misterio de Dios”.

 

Dios eterno

 

“Ahora; sí Dios es eterno, díganme ustedes si me equivoco”, le pidió a la feligresía reunida ante el altar. “¿Significa qué todo lo que hace, sueña, desea y quiere para nosotros, no puede quererlo, desearlo y soñarlo a su modo… eternamente? ¿Sí o no? Ante la respuesta positiva el Obispo agregó: “Si es eternamente significa que Dios nos ama, nos ha elegido, sueña. Y el sueño de Dios para nosotros es la vocación desde la eternidad. Y no puede ser sino un deseo, un sueño, una voluntad para la eternidad. Eso es lo que San Pablo ha experimentado. Desear lo bueno, lo que agrada, los perfecto, es reconocer que Dios nos ha elegido de antemano para ser santo”.

“Esto lo podía comprender Pedro (y vamos al Evangelio) pero Pedro no creía”, señalo el Obispo. “Dijo: No señor no te vamos a dejar que vayas a Jerusalén a sufrir. Jesús lo reprocha. Va detrás de mí Satanás. Esto significa que Pedro proyecta en Jesús el deseo que él tiene de cómo debería ser el Salvador. Ahora el Señor nos unge con el Espíritu Santo para ser templos vivos”, expresó en referencia a quienes recibiría la Confirmación. “Es el espíritu del amor que habitará en nosotros, Pero Pedro quería un salvador a su medida. Uno que por fin pasara a degüello a todos sus enemigos del Pueblo. Alguien que sea triunfador. Acababa Jesús hacía poco, de multiplicar los panes”, recordó.

“Imagínense, dar de comer a 5000 personas. ¡Este es un candidato!, aseguró irónico Carlos Aspiroz. “Si hacemos una estadística gana. Tenía 5 panes y dos peces y les dio de comer a todos. Leproso curado aquí, ciego curado allá. Alguna resolución por acá. ¡Este es el salvador que queremos! Este es uno que derrote a nuestros enemigos. Y Jesús dice: yo voy a Jerusalén, voy a ser torturado, asesinado y al tercer día resucitaré.  ¡No, no jamás! El camino de la cruz es el camino del Evangelio”.

 

El camino de Jesús

 

“Ayer reflexionábamos como el camino de Jesús se identifica con el pan. Lo haremos acá. Fuimos elegidos, bendecidos, confirmados; pero también partidos… partirse, romperse significa darse. Eso lo dice cualquiera, se lo dice en el lenguaje futbolístico: Bueno la verdad me rompí todo, pero perdimos. Lo decimos y lo aceptamos, pero Pedro quería sólo resultados ya.

“El camino de la cruz, el camino del pan, trigo triturado y el camino de la vida, el fruto de la vid triturado para obtener el vino”, expresó Aspiroz. “El sí creía en la debilidad de Jesús. Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo, el que iba a venir, pero a su modo. Según los hombres… ¡Grandeza! ¡Triunfo!  Y ellos se iba a acostar al lado del triunfo de Jesús”.

“Fíjense que Jesús tres veces anunció que iba a la cruz” apuntó el celebrante. “En la primera Pedro lo sacó aparte y le dijo que no lo iba a permitir. En la segunda sus discípulos estaban hablando en el camino y Jesús les pregunta de qué estaban hablando. Les dio vergüenza decir de que estaban hablando porque estaban especulando para ver quién de ellos, era el más importante, el más grande, quien el campeón, quién el medalla de oro, quien es el Oscar, quien es el Martín Fierro. Y la tercera vez que Jesús anuncia lo mismo estaba muy cerca de Jerusalén. Los anuncios de la pasión pasan por la incomprensión de la gente. Ayer en la obra de teatro todo fue muy gráfico (lo dijo en referencia la puesta en escena realizada el sábado por la noche en el Cine Italia) Eran tantos los artistas cómo los que mirábamos a los artistas. ¡Hermoso!”

 

El Misterio de la Cruz

 

“¿Qué pasó después de la multiplicación de los panes? Jesús empezó a predicar diciendo: Yo soy el pan vivo. La gente decía como no nos va a dar pan. Ellos lo que querían era pan en abundancia y se acabó. No lo entendían. Muchos discípulos tampoco lo entendían. Se le fueron. Jesús les preguntó. Ustedes se van a ir y Pedro le respondió adonde nos vamos a ir. No es fácil crecer en esta fe de Jesucristo. A partir de ese momento el misterio de la cruz es central y esto es lo que escandaliza a Pedro y es lo que hace que Jesús quede solo. No solo de parte de las multitudes que lo habían aplaudido pidiendo más pan. Sino también de los suyos porque en el momento de la cruz Jesús quedó sólo. Quienes estaba a los pies de la cruz. El más joven de 14 o 15 años Juan, su madre y dos o tres mujeres”.

“¿Dónde estaban los machos de turno? Con perdón (se disculpó el Obispo). De lejos. La soledad de Jesús. Aún hoy la Iglesia lucha con peligros externos.”

 

Sin enemigos

 

¡Queridos confirmandos, dentro de un rato confirmados!”, dijo mirando a los jóvenes a quienes recibiría enseguida. “El hecho de ser confirmados y decir, señor me sedujiste, quiero seguirte. No evitará momentos donde el corazón afloja. La Iglesia, es verdad, no tiene enemigos. Son algunos que tienen como enemiga a la Iglesia, porque en el Evangelio uno no puede tener enemigos. Amen a sus enemigos, bendigan a los que los persiguen.

“Pero también nos hacemos de enemigos interiores con nuestro modo esquivo de obrar. Se entiende que Jesús no borra con el codo lo que le prometió a Pedro. Tu eres Pedro, roca, signo de unidad de la Iglesia”, afirmó. “Te daré la llave, la responsabilidad, la autoridad. De atar y desatar. De prohibir y permitir. Separar, perdonar. Las llaves de la misericordia. Esas son las prerrogativas propias del mismo Mesías. Él se las da a Pedro y se las da al cristiano. La capacidad de escuchar cómo Dios. De pronunciar prerrogativas como Dios. La capacidad de perdonar, como Dios”.

“Aquellos que el Diablo decía como engaño: Ah serán como dioses”, añadió Aspiroz. “En Jesucristo es real. Si alguno me ama, iremos a él y habitaremos en él. En Pedro cohabitan esas debilidades, pero la gracia supera la debilidad. Por una elección divina, no porque es el campeón. La vida del discípulo está referida a Jesús. Seguimos a Jesús en su misma vida y su mismo camino. Es elemental renunciar a sí. Tomar la cruz significa ser difamado, vilipendiado como pasa en muchos lados del mundo y también en Argentina”.

 

Arriesgar la vida

 

“No es fashion, ser cristiano. No es fashion”, insistió Aspiroz. “No es flasheante ser Cristiano. En el trabajo en la Escuela, en la universidad, en la calle. No, no nos es fácil. Pero lo importante es que seguimos a Jesús. Lo de Jesús a Pedro no es un insulto. Ve detrás de mí. Sino una invitación. Aunque haya dicho cosas que no son la voluntad de Dios. Salvar la vida es arriesgarla por Cristo. Ganar o perder no es un negocio comercial. Nos es el tipo de salvación que el Señor nos regala. Más atesoro, cuanto más entrego. En el Evangelio, cuanto más atesoro es cundo más entrego. Nadie tiene amor más grande, que aquel que da la vida y la Eucaristía, que han celebrado, orado, cantado… y han hecho recorrer las calles de esta bella localidad de Coronel Suárez. La Eucaristía es lo que provoca lo contrario que cualquier otro alimento. Porque cualquier otro alimento, lo transformo en mí y me hace crecer. La Eucaristía, dice San Agustín, es el único alimento que no nos transforma en mí. Sino que el que la come se transforma en el alimento que es Jesús. Nos hacemos Eucaristía”.

 

“Este congreso ha tenido un fruto maravilloso. El primero es que estos jóvenes recibirán a Jesús en la Eucaristía y ellos la efusión del Espíritu Santo. O vivimos para ponernos una mano encima o bendecir, incluso a los que nos persiguen. Es lo que vamos a hacer ahora en una rato, que es imponer las manos, que es desear lo mejor para alguien y lo mejor es el mismo Espíritu Santo, que es el Espíritu del amor entre el Padre y el Hijo”, cerró diciendo el Obispo Carlos Aspiroz.              

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