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Será el 31 de marzo

Cuenta regresiva para la inauguración del Museo Polifacético

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Rubén Kopelson consiguió ganarle de mano a un coleccionista de La Recoleta y se quedó con el viejo sillón de peluquería. Rubén Kopelson consiguió ganarle de mano a un coleccionista de La Recoleta y se quedó con el viejo sillón de peluquería.

A menos de dos semanas de la apertura del museo, Rubén Kopelson se entrevistó con Nuevo Día y dio detalles de lo su nuevo proyecto, pronto a hacerse realidad.

El museo polifacético que funcionará en el edificio de la Biblioteca Parlante, en la esquina de Harriot y Moreno, está próximo a abrir sus puertas. Lo hará el 31 de marzo, a las 19:00 y estará abierto al público en general que desee visitarlo, además de las escuelas, previa reserva.

Sobre el particular, Nuevo Día dialogó con su fundador, Rubén Kopelson, que contó cómo nació la idea. “La idea del museo arrancó hace 6 meses atrás. Viajé al museo Rocsen, que está en la localidad de Nono,  a 12 Km de Mina Clavero en Córdoba. Es un museo muy importante, con más de 7.000 piezas”, comenzó diciendo. “Fui a donar una obra mía, con referencia a los pueblos originarios. Me contacté con Darío Gómez, que está en eso de los pueblos originarios y se me ocurrió hacer una obra y donarla, actualmente está en exhibición”.

Kopelson quedó impresionado con el museo cordobés, y tuvo la idea de hacer algo similar en nuestra ciudad. “Le dije a Darío (Gómez) ‘¿qué te parece si hago yo un museo en Suárez para no videntes?’, esa fue la intención primera”, comentó, y alegó que su compañero de viaje no le tuvo mucha fe, aunque afirmó que Rubén es una “caja de sorpresas”.

Al llegar a la ciudad, Kopelson comenzó a moverse para tratar de conseguir piezas para que los no videntes, con sus manos al tacto, las individualicen. La buena respuesta a la propuesta lo incentivó para continuar con su proyecto. “En forma instantánea me adivinaban las piezas, así que eso me ayudó a seguir con este proyecto y empecé a conseguir cada vez más”.

En cada uno de sus viajes a Bahía Blanca o Buenos Aires, Kopelson volvía con algún objeto que tenía como destino el museo. También contó con la buena intención de los ciudadanos de Coronel Suárez. “Cuando la gente se enteró empezó a donar, es importante que la gente done y no las tire al basurero”, señaló. “Acá van a quedar para la historia”.

El museo cuenta con cerca de 200 piezas para ser expuestas. La mayor parte son propias, y otras tantas están en comodato. “Roberto Marco, un coleccionista, me facilitó bastantes cosas, en comodato”, detalló Kopelson. “Se van a ir renovando”.

El museo cuenta también con objetos cedidos en préstamo por el Ferro Expreso Pampeano, que acercó algunas cosas pertenecientes al ferrocarril. “Tenemos las fotos de los primeros ferroviarios de Coronel Suárez, tiene más de 100 años, cuando llegó el ferrocarril en 1890”, mencionó orgulloso.

Entre las cosas cedidas por Ferro Expreso, también se puede apreciar un crique para levantar vagones, una “salivadera” de fundición con el cartel de “prohibido escupir en el andén”, candados traídos de Inglaterra, un farol antiquísimo con una lámpara a kerosene dentro.

También se puede ver un gran reloj francés que perteneció a la estación, con el aro de fundición que estaba sin vidrio, desarmado y roto. Kopelson lo restauró y lo dejó como nuevo.

 

Con historia

 

Dentro del museo se puede observar un sillón de peluquero de más de 100 años, que perteneció al peluquero José Menra.

Kopelson lo rescató de un garaje, allí estaba esperando a unos coleccionistas de La Recoleta que querían comprarlo. “Conseguí la plata y lo compré, estaba hecho bolsa”. Lo restauró y lo dejó como nuevo. “Cuando lo tuve listo, lo traje al señor Menra. Está con bastón, tiene más de 80 años y tiene mucha dificultad para caminar. Se sentó en el sillón y me dijo ‘este es mi sillón’, le pregunté cómo lo conocía y dijo que porque tiene la esterilla rota en la parte derecha arriba”.


Hacer espacio

 

Cuando Kopelson comenzó con la idea del museo, no creyó que conseguiría tantas piezas. Fue así que el lugar que tenía designado para dicho fin, le quedó chico y debió hacer cambios en el edificio. Se hizo una arcada y la biblioteca creció hacia adelante, con una ochava en la pared que tiene del lado de afuera la ermita de Santa Lucía. “No quise sacarla porque me dio mucho trabajo hacerla.” Expresó. “Hay mucha gente que viene a pedirle por la vista, por eso puse bancos afuera, para que estén cómodos”.

 

Mucho para ver

 

Dentro de los objetos que se encuentran en el museo, se pueden observar lámparas de Inglaterra y de Alemania, en perfecto estado. También hay cruces de más de 100 años, hechas por los primeros herreros que vinieron a Coronel Suárez desde Volga.

De los alemanes del Volga hay muchas cosas, como cenefas de las galerías y una flor de lis que estaba sobre las columnas de uno de los portones, en la entrada de la tercera colonia alemana.

Se pueden observar obras de arte hechas por Kopelson, como el Partenón iluminado por dentro, con la diosa Atenea en su interior y la Parroquia San José Obrero de Pueblo San José, entre otras.

Herramientas, errajes, calentadores, juguetes antiguos y muchísimas cosas más.

El museo posee una gran cantidad de objetos dignos de ver, y de saber su historia.

Kopelson también rescató un sable usado por el ejército de Rosas, con más de 180 años, estaba enterrado en el Río Matanza. “Le hice el cabo nuevo de madera, porque el original era de nácar y se rompió”, informó.

También consiguió en donación el umbral de mármol del ex Colegio Nacional, cuando funcionaba en la Avenida Alsina, y que muchos han pisado como estudiantes.

 

Con fotos

 

El museo cuenta también con una amplia galería fotográfica, con referencia a diversos lugares de Coronel Suárez, como el paraje El Triunfo, la carnicería Brodsky (además de objetos pertenecientes a la misma), una recorrida por la obra de Galeazzi, etc.

Kopelson rescató y restauró partes de mampostería del antiguo Hotel Roma, con fotos de personajes que pasaron por allí.

 

Plantando semillas

 

A principios de mes, Rubén Kopelson acompañó a Darío Gómez al sur, más precisamente a El Bolsón y al pie del Volcán Lanín, a realizar una tarea por demás interesante y solidaria. “Fuimos a plantar semillas para que los pueblos originarios no pierdan su esencia, su cultura, que de a poco lo han perdido”, declaró. “Hablamos con los loncos, que son los jefes de las comunidades, y con el Consejo de Ancianos”.

La propuesta que hicieron a los mapuches fue muy bien recibida por los jefes, ya que ayudaría a preservar su idioma. “Vamos a tratar de que se hagan las escuelas bilingües: castellano y mapuche, para que puedan dejar algo a sus futuras generaciones”, reveló.

 

La inauguración

 

El 31 de marzo a las 19:30 será la inauguración formal del Museo Polifacético. Va a estar abierto también para contingentes de colegios, previa reserva.

Para finalizar la entrevista, Kopelson pidió no llevar plantas de regalo. “Que no se tome a mal, pero  este es un lugar con poca luz y las plantas no sobreviven”, aclaró.

 

En vez de plantas, si alguien quiere llevar un presente, podrá acercar un alimento no perecedero para donar al comedor “Espíritu Santo” de Santa Trinidad.

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