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Con su negocio a punto de cumplir 25 años, el "Negro" de Taco’s cuenta su historia

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Juan Carlos De Victoria, dueño de Taco’ s. El Negro es muy querido por sus clientes Juan Carlos De Victoria, dueño de Taco’ s. El Negro es muy querido por sus clientes

Juan Carlos De Victoria es el propietario de una confitería que se ha convertido en el sitio obligado de reunión de casi todos los suarenses y sus familias. La historia desde sus estudios, sus primeros trabajos que le ayudaron a construir su empresa y sus deseos de dejar la actividad gastronómica pronto. Black Night, carpas para reuniones, juegos para niños, son algunas de las cosas que lleva adelante. Sus hijas, su debilidad

Así como en otras épocas la Confitería Las Delicias fue el lugar obligado para reuniones sociales, desayunar, merendar o ser el mentidero de los amigos que diariamente se reunían en sus mesas, hoy ese lugar lo ocupa Taco’s Bar y por diversas circunstancias está en un local muy cercano al de su antecesora.

Largas horas permanece abierto al público y allí se puede tomar café, acaso, lo que más se hace allí, almorzar algunas minutas, beber y cada tanto los viernes disfrutar de una espectáculo musical, pero ello es sólo una parte de la historia, detrás de ese negocio que está próximo a cumplir 25 años está Juan Carlos De Victoria mucho mejor conocido por el apodo “El Negro de Tacos”.

Él se crio en una familia de trabajadores rurales, el padre tractorista y la madre ama de casa, que tal como siempre ocurre en estos casos llevan una vida semi trashumante que los llevó por diversos puntos, más o menos cercanos a Coronel Suárez. Juan Carlos es el segundo de tres hijos, dos mujeres y él. “Por eso era el nene de papá”, bromeó.

A pesar de reconocer que no era de los mejores alumnos, en sus trabajos de juventud era apreciado y aprendió a manejar la madera y el metal y ello le ha permitido construir su mobiliario y las estructuras de las carpas que posee, para grandes reuniones en lugares donde no hay comodidades para ello.

 “Yo nací aquí, al poco tiempo nos fuimos a Saavedra a un campo, uno o dos años después regresamos a la ciudad  y nos quedamos acá. Mi papá se iba a trabajar al campo y nosotros nos quedábamos aquí”, recordó.


La niñez, la infancia y un breve período de ni, ni…


- A la escuela fui primero al Colegio San José donde hice el Jardín y los primeros grados, después me pase al Sarmiento donde llegué a séptimo. Era bastante burro. De ello se acuerda muy bien Nora Arabetti que era mi maestra. Después de eso no volví al colegio. Por eso mi papá me dijo: O trabajás o estudiás. Por supuesto que al principio no hice ninguna de las dos cosas porque quería ir al campo con mi papá. Cada vez que mi viejo venía con un tractor al pueblo yo me enloquecía. Al mes de este ultimátum volvió y como no trabajaba ni estudiaba me llevó con él al campo. Nos fuimos a la estancia La Primavera. Mi viejo tenía colmenas, me regaló dos y con eso empecé a hacer alguna extra, con el tiempo fui agregando colmenas  y ya tenía unas cuantas. Pero con el tiempo todos mis amigos contaban de sus salidas y de sus hazañas de los sábados a la noche y yo en el campo. En esos momentos se iba a Stop sobre la avenida Yrigoyen que era de Carlos Laval y Ernesto Moccero y yo no cazaba una.
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¿Dónde estudió?

 

- ¿Cuáles fueron sus primeros trabajos?

- Entonces me vine a la ciudad a trabajar junto con un primo que era carpintero y trabajaba en la fábrica de muebles de Rollheiser en la calle Belgrano. Estuve allí hasta que me tocó la “colimba” (servicio militar). En el sorteo me tocó el 778 así que de cabeza a la milicia. Me tocó ir a Olavarría. Al terminar el servicio estaba sin trabajo. Entonces había un tío que trabajaba con Roberto Boudou. Con ellos me fui a escardillar y a aporcar en el campo, o sea nada que ver como lo que había hecho antes. Terminé la campaña y a pesar de que Jorge Boudou quería que siguiese en el campo, no lo hice porque no me gustaba el campo. Mientras estaba en la colimba y antes en los ratos libres de la carpintería hacía instalaciones de luz con Rubén Rollheiser. Sobre este tema había hecho cursos de carpintería y electricidad en la escuela nocturna. Tras terminar con Boudou entre a la metalúrgica de Ricardo Boudou y Rolando Segonds. Estando allí hice una campaña de cosecha con Ricardo Boudou en el campo. Después entro a trabajar en la fábrica Gatic. Estive dos años y medio y no me gustaba nada, porque era un robot, siempre hacía lo mismo, hora tras hora día tras día. Eso me volvía loco, sentía que no era yo.

 

Instalarse en Huanguelén

 

- ¿Qué decidió entonces?

- Surgió la idea de poner una confitería en Huanguelén. Esto porque con una barra de amigos íbamos a bailar allá. En esa barra teníamos un amigo en común, Oscar Blasco, con quien conversábamos seguido en su negocio Reverie. Le comentamos de nuestra intención, “Coqui” Otegui y yo de poner una confitería en Huanguelén. Nosotros conocíamos el Huanguelén de los sábados a la noche, donde había mucho movimiento. Cuestión es que fuimos un sábado a la tarde junto con Blasco y al ver el poco movimiento que había a esa hora dejamos de lado nuestra idea. Vinimos algo decepcionados. En ese entonces Graciela Reynal tenía un negocio en el shopping, con quien teníamos una muy buena amistad. Oscar era amigo de ella y nosotros a su vez éramos amigos de ella. Entonces Graciela me sugirió alquilarle a (Ricardo) al Negro Boudou, la esquina de Belgrano y Brandsen. Ocurre que tenía una buena relación con Boudou, ya que mientras trabajaba en la fábrica, le hacía unos trabajos de electricidad y le pintaba en la metalúrgica. Cuando le hablé me pidió unos días para pensarlo. Finalmente nos dio el local y comenzamos a armarlo (cuando habla en plural se refiere a su socio de entonces Otegui). Finalmente abrimos. Para ello habíamos recibido una gran ayuda de Graciela Reynal y Oscar Blasco. 


- Había que salir de la fábrica. ¿Verdad?

- Nosotros queríamos que nos despidan de la fábrica para cobrar la indemnización. No nos despidieron. Hablaron con nosotros y nos dijeron que el despido era una medida, que en caso de que nos fuera mal, no volveríamos a entrar a la fábrica, de modo que renunciamos. Cambié mis colmenas por la barra. Para eso le había hecho una instalación de luz al boliche Ladrillo. A ellos les cambié el trabajo por las sillas, que eran las que eran del bingo y fueron las primeras sillas de mí del bar (vale recordar que eran sillas plegables de lona roja). Las mesas las había fabricado yo. Abrimos el 1º de enero de 1993.


Chequeras

 

- ¿Cómo le ayudaron esos amigos? 

- Graciela y Oscar nos habían firmado una chequera cada uno.  80 cheques en total, cosa que hoy no lo da nadie. De noche no podíamos dormir pensando en el dinero que debíamos devolver. A cifras de hoy calculo que cada uno nos había prestado 150 mil pesos. ¿Cómo hacíamos para devolver eso? Pasado poco más de un año, nos separamos con Coqui. Sigo con el negocio solo. Nuestros principales clientes entonces, eran nuestros ex compañeros de la fábrica. En ese entonces éramos ocho confiterías y todos trabajábamos bien. Cada uno tenía su público.

 

- ¿Cómo comenzó con los shows en vivo?

- De casualidad comenzamos con shows. Los hacíamos todos los miércoles y jueves. Pasó que Carlos Laval trajo un espectáculo al boliche de él. Como Stop ya estaba cerrado me dio la barra. Me dijo que sus invitados eran todos amigos y nos les iba a poder cobrar. Me dijo que cobrase y que me quedase con el dinero. El espectáculo estaba a cargo de Claudio Chelini y si bien el espectáculo era excelente fue poca gente. Entonces Chelini me dijo que quería una revancha. Me ofreció su espectáculo para Taco’s. Me dijo que cobraba si había buenas entradas de lo contrario era gratis. En consecuencia lo llevamos un miércoles y jueves y llenamos. Entonces él venía cada dos meses y me hacía shows miércoles y jueves. Traía espectáculos todos los miércoles y jueves y siempre llenábamos, en tanto que los fines de semana trabajábamos normal. Este esquema de dos espectáculos semanales lo mantuve durante tres o cuatro años, hasta que comienza a caer el de los miércoles. Entonces metía solo los jueves. Con el tiempo empezó a decaer la concurrencia de los viernes y es por ello que lo pasamos a los viernes y seguimos así hasta hoy.

 

Black Night

 

- ¿Tuvo otros boliches?

- Pasado el tiempo con Roberto Ferreyra tomamos el Café del Teatro y lo convertimos en Cinema Café y ambos teníamos el antojo de tener un boliche bailable. Un día veo el local de Boudou en lo que era la barraca Lusarreta. Hablé con Jorge Boudou, me dijo que si y así surgió Black Night.  Lo tuvimos tres años, hasta que lo cerramos tres años después». A pesar de que Boudou quería que siguiéramos, tener un boliche bailable es complicado. Hoy no hay casi bailables, hay muchos gastos y se recauda poco y si el local no es de uno…»

 

- Que hizo luego de cerrar Black Night?

- Con todas las cosas del boliche en mi poder empecé a buscar que hacer con eso. Entonces vi este local (el que ocupa ahora en la calle Mitre). Como era paciente del doctor Garralda y esto es de él lo fui a ver. Tras desalojar a los coreanos que ocupaban el lugar me lo dio a mí. De ese trámite no le había dicho nada a Mani (Roberto Ferreyra) para darle una sorpresa. Cuando fue el momento de firmar el contrato se lo mostré y se entusiasmó. La idea original era hacer un pool bar con siete mesas. Al tener Tacos y Cinema queríamos hacer algo distinto. Cuando entro a revisar lo que teníamos veo que puedo tener una cocina más grande que la que teníamos en el local viejo. Al ver esto decidí traer Tacos’s para acá, activo un poco más la cocina y doy de comer.

 

- ¿Su clientela cambió?

- Con este paso comencé a tener otro tipo de clientes. Gente más grande que no sale hasta tan tarde. Comenzamos a trabajar más a la tarde y al mediodía. Con este tipo de público me gustaba más porque podía cerrar más temprano. Ya llevo 11 años en este local y está definido y no creo que cambie.

 

Carpas

 

- ¿Cómo fue que se armó de carpas para acontecimientos?

- Mientras tuve Black Night peleábamos la clientela con Veintiuno. Pasó que el trabajo era discontinuo, de pronto estábamos bien varios meses y se nos iban todos. Entonces cerrábamos. En esos períodos de cierre me sobraba el tiempo. Entonces se me ocurrió armar dos carpas chicas. Sucedió que la familia Bertola me vino a ver para el torneo de Polo de La Esperanza, para que haga la cantina en el primer torneo que se hizo. Después vino Jorge Boudou que era presidente del Polo Club. Entonces se me ocurrió armar una carpa más grande. Nos fue muy bien. Salimos mucho a la zona, hasta lugares bastante alejados de aquí.

 

- ¿Las carpas las trabaja con el servicio completo?

- No,  es demasiado. Yo doy la carpa con el piso, la iluminación y la calefacción si es necesario. Para poner mesas sillas, cubiertos y demás se precisa otro circo mucho más grande. Si quisiese competir con gente de otras ciudades que dan todo eso, tendría que tener un camión, un galpón mucho más grande, personal en forma fija y permanente. Eso no lo quiero hacer.

 

El retiro

  

- ¿Piensa en retirarse?

- Sí, quiero cumplir los 25 años con Taco’s y retirarme. Tengo dos hijas hermosas. La mayor estudiando y ya tengo el proyecto más o menos hecho para hacer en el futuro.  Tengo juegos para chicos. Estoy saliendo en la zona. Es probable que esté en la fiesta del strudel. Estuve en la Rural, en la Fiesta de la Cerveza en Puan y en Huanguelén. Vamos a ver si el año que viene voy a la costa. Si con esto me va bien, estoy pensando en retirarme de la noche.

 

- Habló de dos hijas. ¿Cómo es la relación con ellas?

- Con la mayor hoy es muy buena. Tuvimos nuestras diferencias como las que puede haber tenido cualquiera. Ahora está estudiando ingeniería civil, pero el probable que cambie por arquitectura. Creo que lo más importante que uno puede darle a un hijo es estudio. Es un capital que va a tener en la cabeza y que nadie se lo va a sacar. 

 

- Además de las personas que ha nombrado a lo largo de la charla. ¿Qué otro agradecimiento puede dar?

- Una persona que siempre confió en mí fue Daniel de Lusarreta. Roberto Ferreyra que siempre fue incondicional. También a quienes últimamente me ayudaron a reformar el negocio. Silvia Gilardenghi, Fernando Caccavo y Horacio Cimarosti. Y la familia que siempre me banca.

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