Inicio | Interés | La presencia alemana en México

En varias corrientes migratorias durante un siglo

La presencia alemana en México

Por
Tamaño de letra: Decrease font Enlarge font
Frente del monumento emplazado en uno de los bordes del parque Alameda Central. Frente del monumento emplazado en uno de los bordes del parque Alameda Central.

La radicación de alemanes en México ha sido tan variada como intensa. Comenzó en 1865 por disposición del archiduque Maximiliano de Habsburgo y continúo a finales del siglo XIX por el auge de la industria del café. La llegada de los menonitas provenientes, en su mayoría, de la colonias del Volga y luego de quienes escapaban del horror del nazismo.

Sobre uno de los bordes del parque Alameda Central y frente a uno de los laterales del imponente Palacio de Bellas Artes, en el “zócalo” (centro histórico) de la capital de México, se levanta un monumento de unos seis metros de altura costeado por la colectividad alemana en agradecimiento a la hospitalidad del pueblo mexicano.

La obra, que es también un homenaje al genial compositor Ludwig van Beethoven, no tiene una placa que identifique quién fue su autor, aunque algunos historiadores mexicanos sostienen que fue encargada a un escultor de Gladembach, una pequeña ciudad alemana a 390 kilómetros al suroeste de Berlín.

El monumento fue inaugurado el 17 de septiembre de 1921, pese a que la idea primigenia era descubrirlo en 1924, cuando se cumpliera el centenario del estreno de la maravillosa Novena Sinfonía.

Precisamente,  sobre el apellido en mayúsculas del compositor alemán y con una réplica de su máscara mortuoria, se aprecia en el pedestal la escultura de un hombre arrodillado frente a un ángel con sus alas a punto de ser desplegadas, como suplicando ser llevado a las alturas junto al Creador. 

En la parte posterior del pedestal  una placa reza: “Al pueblo mexicano, la colonia alemana” y la fecha de su inauguración.  

Es que a partir de mediados del siglo XIX, cuestiones económicas, culturales y políticas generaron un importante flujo migratorio de germanos a tierras mexicanas, a tal punto que se calcula que en la actualidad hay en este país cerca de un millón de descendientes de alemanes.

 

Los primeros alemanes

 

El primer contingente importante de alemanes llegó a México a bordo del buque “San Luis”, que había zarpado en octubre de 1865 del puerto de Hamburgo. Ese navío volvió a realizar el mismo periplo en julio del año siguiente y en esos dos viajes trasladó a 443 alemanes, la mayoría campesinos y artesanos que se afincaron en las pequeñas poblaciones de Santa Elena, Pustunich y Villa Carlota, todas en la península de Yucatán.

“En aquel entonces la industrialización dejó a mucha gente sin trabajo en Alemania. Se trataba de campesinos, obreros y artesanos, gente muy humilde de Prusia y de Sajonia-Anhalt”, relata la investigadora Alma Judith Durán-Merk, en su libro “Villa Carlota. Colonias alemanas en Yucatán”, el más importante estudio sobre aquel fenómeno migratorio.

Esa primera llegada masiva de alemanes a México fue planificada por el archiduque Maximiliano de Habsburgo (Ferdinand Maximilian Joseph Maria von Habsburg-Lothringen), quien encabezó el régimen monárquico durante el llamado Segundo Imperio Mexicano. Además, dispuso todo lo necesario para que esos inmigrantes fundaran un pueblo y que lo bautizaran Villa Carlota, en homenaje a su esposa, la emperatriz María Carlota de Bélgica. 

Durán-Merk precisa en su libro que los proyectos de traer más contingentes de alemanes sucumbieron en 1867 con el fusilamiento del emperador Maximiliano, a lo cual se sumó que las tierras que les habían otorgado “no eran adecuadas para la actividad agrícola”, razón por la cual varios de aquellos primeros inmigrantes se dispersaron por México, otros intentaron “probar suerte” en el vecino Estados Unidos y unos pocos regresaron a su país.

 

La segunda migración

 

Por cierto hubo muchos alemanes que llegaron de manera individual y por su cuenta a México, como el empresario Martin Trischler, originario de la Selva Negra, que en 1833 abrió un comercio de venta de relojes en la capital del país. 

Otro caso es el del fotógrafo Hugo Brehme, quien visitó México por primera vez en 1905 y volvió unos años después para establecerse definitivamente; obtuvo la nacionalidad mexicana en 1951, tres años antes de su muerte, y dejó como importante legado centenares de fotografías sobre personalidades, costumbres y la vida cotidiana del México de las primeras décadas del siglo pasado.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX se produjo la segunda migración importante de alemanes a tierras mexicanas; si bien no hay datos oficiales, se calcula que fueron unos 10.000 los que se establecieron en el estado (provincia) de Chiapas, en el sureste de México, sobre la frontera con Guatemala y con costas en el Océano Pacífico, atraídos por el auge de la industria del café.

A diferencia de lo sucedido con sus compatriotas que habían llegado en 1865 y 1866, esta segunda oleada masiva de inmigrantes tuvo éxito con sus cafetales y en variadas actividades comerciales. Incluso, fundaron en Chiapas los pueblos Nueva Alemania, Hamburgo y Finca Prusia, que hoy son interesantes atractivos para turistas alemanes. 

 

Los menonitas

 

La tercera llegada masiva comenzó en 1922, cuando el Gobierno de México, presidido por el general Álvaro Obregón Salido, cubrió los gastos del traslado de miles de menonitas, muchos de ellos provenientes de las colonias alemanas del Volga, que habían escapado del régimen comunista.

De acuerdo con los registros de migraciones, fueron 9.263 los que llegaron a México entre 1922 y 1927, luego de haber cruzado toda Europa y el Océano Atlántico, recalado por unas semanas en puertos de Canadá y atravesar en tren de norte a sur los Estados Unidos, para establecerse en los estados de Chihuahua, Guanajuato y Durango, en la región centro norte del país.

Además de sus pertenencias personales, cada familia traía su mobiliario y vajilla,  herramientas, implementos agrícolas, semillas para siembra, maderas y otros materiales para construcción de sus casas y una buena cantidad de dinero. 

La mayoría de los menonitas alemanes se dedicó a labores agrícolas, destacándose en el cultivo de cereales, frutas y hortalizas, además de desarrollar con éxito procedimientos para la conserva de vegetales y para el embutido de carnes frías, saladas y ahumadas.

En la actualidad hay menonitas en casi todos los estados de México, aunque en muchas  comunidades se plantea la posibilidad de volver a sus tierras de origen, tras haber sido invitados a regresar por las autoridades de Tartaristán, una de las repúblicas de la Federación Rusa, debido al acoso que han sufrido en los últimos años de bandas criminales –especialmente de los cárteles de la droga- y a las disputas comerciales con productores agrícolas mexicanos.

Un freno para ese posible éxodo es el servicio militar obligatorio en Tartaristán, ya que el culto menonita prohíbe la portación y uso de armas.

 

Escapando del horror

 

El ascenso al poder de Adolf Hitler forzó al exilio a muchos  artistas, intelectuales y políticos alemanes, en su mayoría simpatizantes o enrolados en los partidos Socialista y Comunista.

Uno de los destinos fue México, cuya política exterior durante las década del ’30 y ’40 se caracterizó por su postura antifascista. Incluso, el entonces presidente Lázaro Cárdenas ordenó a sus embajadores en Europa conceder de inmediato la visa o estatus de asilado político a todos aquellos perseguidos por el régimen nazi.

Fue así que, entre otros alemanes, recalaron en tierra mexicanas la escritora Anna Seghers (su verdadero nombre era Netty Reiling y logró fama mundial con su novela “La séptima cruz”); el dramaturgo y editor Walter Janka, quien entre 1933 y 1935 fue encarcelado por su actividad política en una penitenciaria de la ciudad alemana de Bautzen; el periodista y novelista Ludwig Renn, integrante de una brigada internacional de apoyo a los republicanos en la guerra civil española; Walter Reuter, que trabajó como fotógrafo y director de iluminación en unas 20 películas mexicanas; el escritor y político Alexander Abusch, quien entre 1958 y 1961 se  desempeñó como ministro de Cultura de la entonces República Democrática Alemana (Alemania Oriental); el escritor Gustav Regler, cuya más famosa novela, “La gran cruzada”, fue prologada por el estadounidense Ernest Hemingway; la actriz Steffie Spira; el músico Hanns Eisler;  la modista Brigitte Alexander, madre de la actriz mexicana Susana Alexander; y el matrimonio conformado por los críticos de arte Paul Westheim y Mariana Frenk.

Frenk, autora también de varios libros de poesía, tradujo al alemán las dos únicas obras  del fascinante escritor mexicano Juan Rulfo: la novela “Pedro Páramo” y el libro de cuentos “El llano en llamas”.

 

Cultura e industria

 

Muchos de esos alemanes forzados al exilio se dedicaron a la docencia en México, editaron periódicos, crearon teatros y centros culturales y también promovieron su lengua natal mediante la fundación del Colegio Alexander von Humboldt y el Instituto Goethe, establecimientos que en la actualidad gozan de gran prestigio en la capital del país.

También se radicó en México, pero en la década de los ’60, el pintor Ernst Saemisch, quien fundó una academia de arte. Había trabajado junto con los artistas plásticos Paul Klee y Walter Gropius en la “Staatliche Bauhaus”,  famosa escuela estatal alemana de artesanía, diseño, arte y arquitectura fundada en 1919 y cerrada en 1933 por el régimen nazi.

La instalación en 1964 de una planta de la automotriz Volkswagen en las afueras de Puebla, distante unos 106 kilómetros de la ciudad de México, contribuyó a reforzar la presencia de alemanes en este país.


Osvaldo Mario Gazzola - Ciudad de México (Especial para Nuevo Día)

Image gallery

Compartir en: Post on Facebook Facebook Twitter Twitter

Suscribirse a alimentadores (feed) de comentarios Comentarios (0 publicado)

total: | mostrando:

Publicar tu comentario

  • Marcado
  • Itálico
  • Subraya
  • Cita

Por favor introduce el código que ves en la imagen:

Captcha
  • Enviar a amistad Enviar a amistad
  • Imprimir Imprimir
Compartir en: Post on Facebook Facebook Twitter Twitter