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Una utopía hecha de porquerías

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Una utopía hecha de porquerías

por Juan Pablo Miracca (*)

La velocidad con que vi a mucha gente renovar su celular, me llevó a preguntarme si no me estaría convirtiendo en una especie de bicho raro. “¿Tenés WhatsApp?”, me consultaron con insistencia en los últimos años y respondí en cada una de las ocasiones: “No, no tengo”.  Reconozco que la tecnología avanza y quizás esa aplicación de mensajería instantánea lanzada al mercado en 2010 después de todo resulte útil. ¿Pero es necesario cambiar de celular una o dos veces por año?

Hace unos días, caí en la cuenta de que tenía varias camperas y que sería bueno comenzar a donarlas antes que tenerlas guardadas. Pero luego me surgió la pregunta: ¿por qué había ido acumulando tantas? Todas están en excelente estado, entonces, ¿por qué no seguía usando las que ya tenía en vez de ir comprándome nuevas todos los años?

Un caso por todos conocido es cuando vamos al supermercado para comprar un artículo en particular y terminamos trayendo dos o tres más que no son esenciales. Pero, claro, nos parecieron que podían ser útiles o que eran una oferta fabulosa que había que aprovechar. ¿Cómo voy a dejar pasar esas conservas importadas que no probé nunca pero que según la publicidad me permitirían realizar una gran comida para agasajar a mis amigos? Demás está decir que jamás les terminé preparando esa comida a mis amigos y que tuve que comérmelas a la fuerza para no tirarlas. Ah, ¡y no me gustaron!

Lo más interesante del caso es que, si uno llevara las cuentas de todas las cosas que adquirió no siendo necesarias, se asombraría de ver  el abultado importe que suman al cabo de tan sólo un mes. Y aquí quiero señalar algo sumamente importante. Mientras las clases medias y las más privilegiadas gastan su dinero en cosas innecesarias, hay mucha gente en estado de vulnerabilidad que sí necesita consumir, obtener lo elemental para alimentar bien a sus familias, abrigarla y acceder a los servicios y necesidades básicas, como salud y vivienda.

Por otro lado, esta sed de adquisiciones lleva a que generemos basura innecesaria como paquetes y bolsas plásticas, y contribuyamos a aumentar lo que técnicamente se conoce como “huella ecológica”, un indicador del impacto ambiental producido por la demanda humana que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta, relacionándola con la capacidad de la Tierra de regenerar sus propios recursos. Esos productos innecesarios requieren para su fabricación materias primas, transporte, almacenamiento y energía, entre otros recursos naturales, lo que provoca siempre un impacto en la biósfera.

Por otra parte, hay que saber que, para ganar el dinero que usaremos en cosas innecesarias, tenemos que invertir tiempo en trabajar y ese tiempo se lo estamos quitando a lo que de verdad necesitamos: nuestros familiares, amigos, y comunidad en general, además de cumplir nuestros sueños ya sean estos hobbies, estudios o proyectos postergados.

Lo más extraño de toda esta situación es que estamos inmersos en un sistema que nos vendió, sin que lo sepamos, una utopía. Cada mañana muchos se despiertan pensando en alcanzar ese sueño hecho de dinero y cosas, mientras los que tienen serias carencias, obviamente, deben luchar para alcanzar ese piso mínimo de dignidad sin el cual es imposible proyectar algo. A los que ya tienen asegurado eso, les espera una carrera infinita de metas que marcan estatus en la escala social: un auto “mejor”, ropa de marca, un televisor más grande, vacaciones en lugares cada vez más exclusivos, etc., etc., etc. Sí, muchos etcéteras porque quizás ya te diste cuenta: nunca será suficiente.

El sistema se vale de aliados poderosos para programar nuestras mentes y dirigir nuestro comportamiento: las técnicas de mercadeo, la publicidad, la psicología, la sociología y muchas otras ramas del saber de las que tomó lo necesario para alimentar esta utopía por la que muchos luchan todos los días.

Ya son de manual académico los ejemplos que muestran cómo muchas empresas implementaron la “obsolescencia planificada”, por la cual las cosas son hechas para durar poco tiempo y uno tenga que volver a comprar otras pronto. Cuando por ciertas razones esto no es conveniente, el sistema apela a la “obsolescencia percibida”. Este es el caso de mis camperas. Sí, no te rías, que también es el caso de tu auto, tus zapatos o de tu celular. Luego de cierto tiempo de adquiridos nos parecen viejos, o que no tienen “onda” y nos sentimos ridículos. ¡Hasta nos empiezan a hacer bromas!

Estudios estadísticos comenzaron a mostrar que, una vez que cubrimos nuestras necesidades básicas, mayor consumo no significa mayor felicidad. De hecho los países más felices no son los de mayor Producto Bruto Interno (PBI). Como ejemplos contrapuestos, podemos mencionar a una potencia mundial como EE.UU., que desde 1957 no para de caer en sus niveles de felicidad a pesar de la multiplicación de su consumo, mientras Bután, un pequeño país de Asia que, a pesar de su moderado consumo, sus habitantes se encuentran entre los más felices del planeta. Es más, la felicidad comenzó a medirse de forma sistemática en 1972 en Bután, donde se creó el Índice Nacional de Felicidad.

No es fácil modificar este sistema en el que vivimos, ni siquiera nos damos cuenta hasta dónde su influencia modela nuestras vidas. Se requieren cambios culturales y estructurales, individuales y sociales. Debido a eso, muchas personas y organizaciones en el mundo están trabajando día a día para concientizar en estos aspectos y lograr un mundo mejor.

Lo que necesita la humanidad es un sistema que provea a todos equitativamente lo necesario para vivir con dignidad y, simultáneamente, una serie de políticas que promueva lo mejor que tenemos como seres humanos: el amor, la capacidad de generar comunidades solidarias y una sana convivencia con la naturaleza de la cual formamos parte. Esta debería ser nuestra verdadera utopía.

 

 

 

 

(*) Vecino de Pueblo Santa María. Docente, Licenciado en Ciencia Política (UBA), Master-Trainer en Programación Neuro-Lingüística y estudios en Economía Ecológica.

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Ecologia Coronel Suarez 22/10/2016 14:05:20
Creemos que es muy bueno que el principal diario de Coronel Suárez tenga una política de difusión de temas ambientales y sociales como lo demuestra la publicación de este y otros artículos. Por supuesto coincidimos con la visión del Licenciado Miracca y nos gustaría que siga profundizando en estas cuestiones. Debemos hacer cambios rapidamente si queremos sobrevivir como especie y cuidar el medio ambiente.
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